Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

lunes, 15 de junio de 2015

Sobre la polémica con Zapata y unos Tuits (O sobre la guerra civil que ha comenzado)

Morderíamos en anzuelo de una discusión sin sentido si a raíz de los acontecimientos que han seguido a los ataques mediáticos contra Guillermo Zapata nos centrásemos en cuestiones relativas a la dignidad de las victimas, los limites del humor, la moral o las responsabilidades políticas. Todo eso a nuestros adversarios no les importa, con lo cual tacharles de hipócritas o cínicos es tan algo estéril como redundante y carece por completo de sentido. Deberíamos apuntar, a mi juicio, aquello que realmente se acaba de mostrar a partir de esto; el mensaje que nos han mandado y las formas de actuar para las que tendremos que prepararnos a partir de ahora. Tengamoslo muy en cuenta, lo que acaba de comenzar no es una revolución democrática de movimientos de izquierda, lo que acaba de comenzar es la guerra civil.

El problema al que nos enfrentamos no era sólo que tomar las instituciones suponía ya de por si un imposible para una ciudadanía que había sido expropiada de los espacios que les correspondían, sino que además, aquellos que las ocupaban (y que en la mayoría de lugares, -no dejemos de tener en cuenta- aún las ocupan) en realidad nunca tuvieron nada que ver con estas instituciones y con los principios que representan y tan orgullosamente enarbolan como bandera propia. El problema es que además estos usurpadores no son más que una amalgama de familias golpistas y mafiosas que entienden el poder como el lugar que les corresponde por derecho propio y no como el resultado de los procesos democráticos que supuestamente representan.

Sin embargo esta contradicción está sobre todo en nosotros mismos; ante una oposición en pie de guerra, o lo que es lo mismo, en el contexto de guerra civil en la que estamos inmersos ¿Cómo es tan siquiera posible el buen gobierno? Nuestros programas electorales, nuestras organizaciones y plataformas han sido construidas como sistemas de gobierno dentro de un mundo que –nos engañaron- en realidad no existe. (Es algo que en realidad muchos ya sabían aunque hasta ahora no tuviéramos la determinación de alcanzar la posibilidad de comprobarlo). Con lo cual, hemos llegado con nuestro escritorio y nuestra pluma a sentarnos frente a una barricada de agitadores y pistoleros que les importa poco lo que podamos poner sobre la mesa: Su único objetivo es eliminarnos y nada más les importa.

En esta situación es preciso tener en cuenta que nuestro poder –aquel que hemos alcanzado mediante sufragios- es tan sólo relativo y que nuestros opositores –aunque ahora sean menos poderosos que antes- van a poner todos los medios a su alcance, sean cuales sean, sin importar criterio ni medida para expulsarnos, y que lo van a hacer hasta la extenuación, hasta el momento final en que ya hayan cometido tantos crímenes quel exilio sea su única salida deseable. Usarán todo aquello que les pertenece o que consideren que les pertenece sin descanso contra nosotros, intentarán impedir y boicotear nuestros gobiernos, en los medios y en las calles, agitando a las masas intentando destruir nuestra imagen pero también –y esto lo veremos- procurando hacer colapsar mediante sus influencias perversas todas nuestras propuestas. No vamos a vivir ni un día en paz, no vamos a poder dormir ni descansar; si encuentran el modo de acabar con nosotros, ya bien de un ataque al corazón, ya bien mediante una funesta depresión, enfermedades o accidentes, lo harán. Cuanto más cerca vean su derrota mayor y más furiosos serán sus ataques. “La burguesía –dijo aquel Buenaventura- tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia.” Viejas palabras que se introducen en un contexto de guerra, una guerra que no queremos vivir y para la que es imposible estar preparados, una guerra en fin, en la que estamos inmersos.
Habría que tenerlo en cuenta; nuestros opositores se lo juegan todo porque tienen todo que perder, nos atacan desde la impunidad y la barbarie porque es la impunidad y la barbarie la que está en juego, nos atacan desde la manipulación el odio y la rabia, desde el rencor, la corrupción y la mentira así como desde la furia y la venganza porque son, precisamente, estas cosas las que les mantienen donde están. Nuestros opositores; estafadores y mesnaderos de conquistadores foráneos, saben que su existencia ilegitima y deplorable puede llegar a su fin, y como tal, son muy conscientes de que les va la vida en ello.
Pedir respeto en estos tiempos es casi extravagante y aun así el dilema es precisamente para nosotros: Nuestros adversarios lo tienen muy claro y su posición es evidente, ahora bien ¿Qué podemos hacer nosotros? No podemos ser como ellos, sin embargo ¿Tendremos que jugar su juego? Y si no podemos, ¿Cómo nos defendemos, cómo en fin, les atacamos? Sería fácil decir “mediante la ley” pero ésta aún en gran medida no existe como tal dado que nos enfrentamos a gentes que (aunque quebrado) permanecen envueltos de un halo intocable. Este halo se desvanece por cada ayuntamiento que pierden, cada comunidad que ya no gobiernan, pero no se desmoronará por completo incluso en el momento en que alcancemos el gobierno de la nación. Los medios son suyos y aún se atreven a considerarse paradigma de la moral, cada palmo, cada pequeño espacio que nos han robado no lo abandonarán sin resistencia.

En cualquier caso, lo interesante es que estas cosas terribles que ya habíamos visto en otras tierras así como en nuestro propio pasado las estamos viviendo ahora en directo, teniendo en nuestras manos la posibilidad de intervenir directamente sobre ellas hasta el punto de determinar su curso. Este es un hecho tan interesante como heroico pues que lo estemos viviendo nos trae a una mayoría de edad que durante décadas nos había sido denegada. Ahora bien llegados a este punto a nosotros también nos va la vida en ello: Durante los últimos años habíamos estado viviendo el desvanecimiento progresivo de la última batalla que habíamos conseguido ganar en Europa -allá por el 45- y que empezó a decaer allá por el 92. Desde entonces hasta ahora nuestros adversarios habían llevado su venganza tranquilamente, seguros de que habían ganado pero con prudencia, no fuera a ser que nos volviéramos a levantar.
Pues bien, esto es lo que finalmente hicimos precisamente en el punto en que ellos mismos estaban más seguros de su victoria final, precisamente en el punto en que ya no podían echarse atrás pues habían dado vía libre a su corrupción más allá de lo rectificable, (saben que si gobernamos no les queda más futuro que la restitución de lo robado y la prisión). Con lo cual, la prudencia relativa que habían estado llevando hasta ahora, puestos a luchar, carece ya de sentido, saben que una vez la guerra a comenzado, si ganan, ya no tendrán nada que temer durante una buena temporada.

Con lo cual, definitivamente, cada paso que hemos estado dando, y los que vendrán, no dejarán de mostrarnos cada vez un panorama más desolador; cada pequeño avance que consigamos en pos de nuestros objetivos no irá más que mostrándonos lo equivocados que estábamos con respecto a la viabilidad de nuestras expectativas, lo engañados que nos tenían sobre el mundo que pretendíamos cambiar. Nosotros queríamos ser reformistas – ya que pensábamos que la reforma era la única revolución posible- pero llegados a este punto nos damos cuenta de que en realidad queda muy poco que reformar, que sólo nos quieren dejar ruinas y que no hay paz ni espacio posible para una normalidad democrática. Ahora deberemos resistir su envite pretendiendo defender algo que no ha existido más que como farsa como es el estado, la constitución y las leyes.

¿Acaso no es éste además el problema en Venezuela? Una curiosidad al respecto que podemos observar es como la repetición sobre los males y los ataques de nuestros adversarios sobre Venezuela en realidad remarcaban una advertencia que quizás no habíamos querido ver: “Si pretendéis tomar las instituciones como hicisteis en Venezuela nosotros procuraremos reventarlas como hacemos allí, utilizaremos todos los medios de comunicación en vuestra contra como hacemos allí e intentaremos constantemente golpes de estado, destruiros la vida y la moral, dinamitar el estado e impedir la paz social como hacemos allí. Si hablamos tanto de Venezuela no es tanto porque con ella os pretendamos deslegitimar sino porque si gobernáis queremos hacer con España lo mismo que hemos hecho allí; somos nosotros los que queremos “Bolivarianizar” España, somos nosotros los que pretenderemos llevaros a límites en los que no podáis legislar con normalidad y tengáis que recurrir constantemente a métodos dudosos para mantener la estabilidad del país, somos nosotros, en fin, los que haremos todo lo posible por destruir España si es que finalmente no está en nuestras manos.”

Tengamos esto muy en cuenta, lo que ocurra en las próximas elecciones determinará probablemente los próximos 40 años de historia, durante los cuales, si ganamos, tendremos que ser los fundadores de un país en ruinas. Es posible que por ello más que nunca debamos darlo todo en pos de esta gran victoria final, es posible además que “sacar nosotros los tanques a la calle”, antes de que ellos lo hagan, sea pues de extrema necesidad, es posible en fin, pero nosotros no habíamos venido para eso ni debamos quizás pensar que la lógica de la historia es la mejor apuesta contra un devenir que se cierne en nuestra contra. Quizás sea el momento de alguna otra de esas buenas ideas, inimaginables, que nos han traído hasta aquí.


Uriel Garrán lópez

miércoles, 4 de febrero de 2015

Sobre la marcha del cambio del 31 (o sobre los limites políticos de la mera izquierda)

Mucho se alzaron los vientos y se conmovieron los corazones el sábado; sin duda la manifestación del 31 de Podemos fue muy emotiva, ilusionante, cargada de alegría y fe en que vamos a ganar. Nadie lo pone en duda; la capacidad de movilización que tiene Podemos como partido impresiona, una capacidad que no tiene ninguna otra formación política y es un hecho indudable que fue la manifestación política meramente autoafirmativa más grande desde los albores de nuestra infecta y ponzoñosa democracia.

Nadie pone en duda que fue una gran demostración de fuerza pero ¿De qué fuerza estamos hablando? Podemos se presenta como una fuerza política nueva, particular, que tiene sus propios símbolos y que ha pretendido formularse como un movimiento político transversal en el que “las viejas fórmulas de izquierda y derecha ya no funcionan”, su objetivo es gobernar, para lo cual necesita presentarse como una fuerza política seria, patriota y con un gran proyecto de país que atraviese a todas las esferas; en ese sentido no puede contentarse con la “mera izquierda”, necesita salir a ganar, y con la pretensión de demostrar su poderío convocó a cientos de miles a las calles de Madrid. Allí fueron, pero... Los que fueron, al fin y al cabo y por más que fueran más de 200.000, ¿no eran los de siempre?

Me refiero a los símbolos, señas de identidad, ambiente, aspecto... Al fin y al cabo la mayor parte de las banderas eran republicanas, otras de las distintas comunidades autónomas, algunas de Cuba, de la URSS, se han mostrado fotos en que aparece alguna rojigualda pero aún así de algún modo justificadas poniendo otra griega justo debajo, o escribiendo un mensaje encima contra la corrupción. Cuento esto como signo representativo del tipo de ambiente y aspecto de la muchedumbre, nombro las banderas pero también habría que tener en cuenta las formas de vestir; mucha gente de barrio, mucho puño en alto, en fin: En cierto modo la marcha de Podemos se parecía bastante a lo que fueron las Marchas de la Dignidad pero a pequeña escala, al fin y al cabo la izquierda de este país.

Es cierto por otro lado que de un tiempo para acá la izquierda ha crecido mucho, es cierto que es una izquierda mucho más “ciudadanista”, una izquierda más bien gelatinosa y heterogénea producto de aquel conglomerado de símbolos que se generó a partir del 15M y que comporta actualmente a una grandísima cantidad de gente como han demostrado también las Mareas y aquel amplio entramado de colectivos que llenan el país desde las que fueron sus fértiles plazas y prolíficas asambleas. Aquel 31 de enero muchos son quieres recordaron jocosamente cuando se criticó desde las instituciones a la Acampada Sol y se les dijo que si querían cambiar las cosas se presentasen a las elecciones como si realmente Podemos hubiera sido el producto de aquel guante lanzado desde el poder establecido contra los movimientos sociales. El sábado Podemos mostró su fuerza y parece que todo el mundo estuvo de acuerdo en que tal fuerza se asentaba sobre aquel amor de primavera de 2011.

Volviendo al tema; la cuestión es que ya bien gelatinosa ya bien ciudadanista al fin y al cabo los asistentes a la marcha del cambio no dejaban de ser “la izquierda” como demostraban sus colores y sus afectos. No fue una manifestación en la que se percibiese un sujeto político transversal como pretende mostrarse Podemos sino como los mismos de siempre que al fin y al cabo son a los que les gusta irse de manifestaciones, llevarse sus banderitas, sus pancartitas y pasárselo bien. Así que pese a lo emotivo y la muchedumbre de aquel día mi opinión al respecto de la “marcha del cambio” es que fue un fracaso político con respecto a las pretensiones y los objetivos del partido; en la manifestación se mostró falsamente y antes de tiempo a Podemos como un partido “tan solo” de izquierdas, formado por un montón de gente “de izquierdas”, ahogado en un montón de símbolos fatídicamente “de izquierdas”. Yo más bien diría que queriendo mostrar su poderío Podemos cayó en la trampa de mostrarse como lo que en realidad no pretenden “meramente” ser y desvelando así como una patraña eso de que Podemos sea realmente un partido “Transversal” que esté más allá de las pantomimas de izquierda-derecha.

¡Y esto aunque pese a todo en realidad sí que está más allá y sí que es transversal! El problema es que Podemos quiso hacer un llamamiento a un sujeto político que no existe en España, que aún tiene que crear y que en cierto modo se está generando poco a poco pero que sigue sin estar realmente configurado y que carece de símbolos visibles más allá de las camisetas o banderitas moradas de Podemos. Considero que los organizadores sobrestimaron el alcance de su paideia en este sentido o la capacidad de transformarse de la gente y aprender las lecciones. Tengamos esto en cuenta: En los mítines de Podemos no se permitían banderas o símbolos visibles que no fuesen estrictamente de Podemos (apenas algunas excepciones con respecto a símbolos de identidades autonómicas españolas). Esta fue una decisión muy acertada, pues de este modo se podía mantener la mascarada al tiempo en que este nuevo sujeto político se iba gestando, pero claro, seguramente fue muy ingenuo o una inconsciencia no darse cuenta que toda esa gente aunque se les negasen sus símbolos “izquierdosos” en los recintos cerrados no iban a estar deseando sacarlos en cuanto tuviesen la más mínima oportunidad. ¿Fue quizás esta manifestación demasiado pronto?

Es posible que por un momento los dirigentes de Podemos rozaran el límite de representación de su propia identidad en esta marcha, en cierto modo lo noté en los discursos, Iñigo y Luis se acercaron quizás más a lo que fuera un discurso de un partido de gobierno, pero Pablo y su pasión por los serios sueños ¿No se pareció más un canto profundo a un Movimiento? ¿Es que acaso llegados a este punto puede sobrarnos corazón?
En cualquier caso las encuestas serias realizadas sobre estimación de voto (La agencia Simple Lógica sería un buen ejemplo de profesionalidad al respecto) dan a Podemos una victoria electoral en las generales rondando el 30% de los votos a una distancia de entre 5 puntos del PP y hasta 10 del PSOE con tendencia decreciente de estos últimos. Estas encuestas fueron realizadas antes de la victoria de Syriza, antes de que la bolsa de Grecia se hundiera con la victoria de los mismos y se recuperara por completo en 4 días, antes del magnífico debut de Varoufakis desmantelando la Troika así como el resto de victorias que veremos en adelante demostrando que “Sí se puede”, antes también que la propia “Marcha del cambio” y antes del ofertón del PSOE ofreciendo a sus votantes la derogación de la cadena perpetua que acaban de firmar si ganan las elecciones.

Siendo así, en realidad estoy bastante tranquilo con este pequeño desastre político pues ya bien parece que los astros se hubieran alineado proclamando nuestra victoria y dándonos cierto margen para equivocarnos con cosas que si no fuera por estos factores absolutamente convenientes en el tiempo, considero, hubieran significado una caída directa en la intención de voto para Febrero. Aun así y pese a que saliéramos con el ánimo hinchado este sábado yo más bien haría una llamada a la prudencia y a no tentar a una suerte que ya bastante está haciéndonos un favor con nuestra propia existencia.

Es posible que el susto que le pudiéramos dar a mucha gente con las pintas que llevábamos este sábado se compense por los acontecimientos que he citado, pero eso no nos quita el hecho de que de seguro en este momento hay demasiada gente que necesita algún gesto que les tranquilice de aquí a las próximas elecciones, finalmente, es posible que poner algunos figurantes con banderas rojigualdas o del equipo de futbol pertinente para la próxima concentración de Podemos no estuviera de más.