Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

domingo, 7 de diciembre de 2014

Es difícil hacer tragar el feminismo a la mayoría de hombres intuitivos pues estos se dan cuenta de que en realidad "la virilidad" es una estafa que, llegado el caso en que el feminismo lo relevase como tal, no dejaría ningún rescoldo de orgullo al que poder agarrarse. Desvelando así su profunda debilidad, necesidad y cobardía con respecto a los cuidados femeninos que, al no poder explotarlos, se mostraría a su vez el abismo de niñez que son incapaces de superar.
Los hombres son ante todo: niños. Es muy difícil para ellos superar su niñez y pasar a un estado de madurez más consciente de su propia responsabilidad con respecto al los otros que les rodean; su mundo simbólico es opaco, y conforma con su densidad un muro de “afección racionalizada” que supone una separación en primer lugar con respecto a sus propios sentimientos y en segundo lugar con respecto a los de los demás, los cuales se vuelven sencillamente categorías que configura el varón con respecto a su propio interés en pos de justificar los fines predispuestos con respecto a la sublimación de su propia identidad y autoestima.
Es decir, los hombres se ven incapaces de relacionarse con sus propias sensaciones crudas, el filtro que tienen con respecto a su propia emergencia emocional les obliga a tener que cocinarlas antes de poder percibirlas como tal, siendo pues que no se relacionan con sus emociones más que con respecto a los fines, las decisiones, que configuran a partir de ellas; a los hombres no les importa lo que sienten, tanto ellos como los demás, las emociones crudas son algo en lo que les es imposible manejarse pues ante todo anteponen siempre su mundo simbólico con respecto a lo que les ocurre. Siendo así, solo pueden manejarse con respecto a las determinaciones que van a tomar a partir de ellas, una vez han sido cocinadas en el laberinto de su identidad, obligándolos a vivir en una constante descarga de su mundo emocional y configurando su vida con respecto a los fines que constituyen sus valores.
Siendo así, el hombre nunca puede llegar a un conocimiento profundo de si mismo. Me atrevería a decir que incluso el mínimo reconocimiento de lo que es el mismo le supondría una profunda extrañeza, un pozo o abismo carente de sentido en el que a nada se podría agarrar. Y así, esta mascarada es la que le impide alcanzar madurez alguna con respecto a si mismo, viviendo siempre en un mundo de fantasías propio de un niño que, aunque por un lado al sumarse los años abotarga su orgullo y le vuelve dominante y violento, por otro lado esto no es más que síntoma de la profunda debilidad que supone su consciencia vacía de si mismo, haciéndole profundamente dependiente y necesitados de los cuidados femeninos, las cuales en cambio si que alcanzan la madurez de forma mucho más efectiva.