Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

lunes, 20 de octubre de 2014

Sobre la importancia actual del Espectáculo en política (o sobre el posible colapso inminente de Podemos)

Llegados a este punto nadie podría imaginar que Podemos pudiera convertirse en un fracaso; henchidos por la posibilidad de una victoria electoral que a la izquierda de este país hacía mucho tiempo ya que le había desaparecido incluso de sus fantasías. Parece que se ha embriagado de ilusiones, especulando sobre su futuro como si ya de hecho estuviese en el gobierno sin ni tan siquiera poder prevenir en sus mayores temblores que la victoria Hoy, está más lejos que Ayer. Y es que, a un pasito de llegar al poder, a unos metros de ganar la carrera, de saltar la valla, parece que se nos ha olvidado cómo habíamos llegado hasta aquí (los muchos incluso parece que no se han ni enterado) y desde mi punto de vista o espabilamos o nos vamos de dar la ostia contra el trampolín.

Tengámoslo en cuenta: No son los círculos los que le han dado su fuerza a Podemos, no es una organización horizontal estatal la que poniendo a trabajar a toda su militancia ha logrado la mejor campaña electoral de la historia reciente de este país, en realidad no; ha sido Podemos el que ha dado su fuerza a estos círculos, a esta izquierda heterogénea heredera del 15M, es Podemos el que ha dotado de nuevos símbolos y nuevas ilusiones a mucha gente que en realidad ya estaba ahí, que estaban deseando hacer algo que valiese la pena, pero quienes no le importaban a nadie. Podemos hizo que importen, y de repente, se han creído que si la gente les escuchaba era gracias a su trabajo y no en realidad como meros representantes de Podemos.

Y es que, independientemente de que sea cierto que sin la labor militante Podemos no podría haber llegado a cada barrio, cada pueblo, también es cierto que esta militancia en su mayor parte tiene su origen en el 15M, es decir, que no es heredera de la izquierda tradicional, ni entiende ni asume e incluso reniega de sus costumbres, y que está compuesta por valores vacíos de “democracia”, “honestidad”, “participación”, “transparencia”, etcetera, que se conquistaron milagrosamente a través de una maniobra maestra y espectacular (en el sentido bejamineano del termino) y no por una amplia y trabajosa labor de pedagogía y laboriosa construcción de empoderamiento Popular. En este sentido, lo único que hemos ganado, (y cuando digo lo único, quiero decir lo ÚNICO) es que hemos logrado que El Espectáculo se ponga de nuestra parte, nada más.

Claro que por el camino en estos tres años aquel espectáculo nos ha permitido vivir muchas cosas bonitas en la calle. ¿Cómo no? Hemos conquistado el “sentido común”, lo cual ha hecho que ayudar a tu vecino okupa sea bonito (porque los bancos son el MAL) o defender lo público sea guay (porque lo defiende un movimiento “ciudadano”. Es un gran logro si tenemos en cuenta además la ruptura con aquella ideología tan presente no hace mucho en la cual los neoliberales ganaban esta batalla y nos vendían a los funcionarios como unos sátrapas y unos vagos. Pero más allá de esto, más allá de cambios en la conducta general que en su mayor parte no son más que la incorporación a una nueva estética social (que aun dista mucho de convertirse realmente en una concienciación política) ¿Qué hemos conseguido? Nada, seamos realistas, absolutamente nada: La izquierda sigue sin tener ningún poder y aunque nuestra heroica resistencia nos hace pensar que parar algunos desahucios sirve para algo, si comparamos nuestras luchas con las de aquellos que nos precedieron hace un siglo deberemos reconocer que nuestra heroicidad es patética y triste.

¿Significa entonces que aún nos queda un largo camino para la revolución o algo así, o que en algún sentido estoy defendiendo una profundización en las luchas sociales? No, en absoluto, ojalá que no, por Babalon que no. Lo que quiero apuntar es que nos demos cuenta que por ahí no vamos a conseguir nada, que en realidad somos la misma panda de frikis, piratas e intelectuales orgullosos que no han conseguido nada ni van a conseguir nada en este país del mismo modo que ninguna otra secta (como los evangelistas, por ejemplo, mucho más eficaz que nosotros) podrá jamás conseguir el poder. ¡Y está bien que sea así! Porque si no lo fuera seguramente antes gobernaban en este país los nazis que nosotros, como de hecho está pasando en la mayor parte de Europa. El camino de la militancia, compañeros, tal y como lo conocíamos debe llegar a su fin.


Y en su lugar, ¿qué? En su lugar el populismo, porque tomado por las manos adecuadas el populismo es (aunque esto parezca un absurdo) el mejor antídoto al Fascismo (cuya sombra crece en el horizonte). Al hacerlo nuestro les hemos obligado a quedarse en sus barricadas, gracias al gran espectáculo del 15M el fascismo no se pudo desarrollar, pero si fracasamos ellos podrían tomar este relevo, no dejemos de tenerlo en cuenta. Así pues ¿Es que acaso estoy diciendo que la militancia debe disolverse en pos de líderes populistas que sean capaces de conglomerar eficazmente una mayoría electoral en un programa de izquierdas? No, en absoluto: Lo que digo es que la militancia debe conocer cual es su lugar, conocer lo que en realidad es capaz de lograr y cual es en realidad su camino: Un camino que es paralelo al poder, el ámbito en que siempre ha funcionado. La militancia (es decir, un Movimiento) no puede ni debe procurar tomar el poder sino seguir construyendo de forma ascendente un entramado social que vaya dignificando progresivamente la vida de la gente. Es decir, el camino de la militancia es sencillamente la resistencia, pero no debemos llorar por ello, porque está bien que sea así y no debemos pensar que puede ser de otra manera, pues ello nos lleva sencillamente al fracaso. Lo cual duele, duele mucho pensar.

Hay mucho dolor en la izquierda ¿verdad? Demasiados himnos de consolación, demasiado peso histórico, demasiado, en fin, sustrato cultural fracasado. Necesitábamos algo nuevo y con Podemos lo hemos logrado; algo nuevo, diferente: Otra Cosa. Y no deberíamos procurar que esta Otra Cosa se convirtiese rápidamente en lo que siempre soñamos que sería nuestro movimiento; ni lo es ni podrá serlo jamás. Intentar eso sería matarlo y es por eso que digo que aunque nadie parezca darse cuenta, aunque parece que finalmente terminar gobernando este país es algo inevitable, yo lo que veo es que Podemos podría estar a punto de morir. Estamos ante la guerra entre dos perspectivas muy, muy distintas de cómo hacer las cosas, y pienso que si finalmente gana el modelo de Sumando Podemos es el fin.

No lo sería si ganase el modelo de Claro que Podemos, aunque la militancia tendría que renegar de sus fantasías de gobierno y recluirse al lugar que le pertenece, que conoce y en el que se sabe manejar: La calle, no las instituciones. El cual, al final según mi perspectiva es el lugar al que en cualquier caso volvería, ya que siempre va a haber militancia: Siempre habrá resistencia, siempre en fin, con mayor o menor éxito durante toda la historia se han montado Estados Piratas (llamémoslos como hoy en día: cooperativas, centros sociales, pueblos ocupados) cuales fueron siempre los auténticos espacios de Libertad, hasta que, finalmente, llegaba la policía o el ejercito. Pero ahora no se trata de eso, se trata de lograr que la policía y el ejército estén al servicio del pueblo, no de los poderosos. Se trata de tomar el poder no de conformar resistencia. Siendo así, una vez que la visión de Sumando Podemos hiciera colapsar a la organización los militantes volverían a lamerse las heridas como siempre han hecho, les echarían la culpa a otro, harían canciones sobre lo cerca que estuvieron de alcanzar el poder y en fin, sencillamente el ciclo para ellos se repetiría, para lo que es la historia, finalmente, no habría pasado nada nuevo.

Seamos serios, asumamos nuestra responsabilidad y no nos dejemos llevar por el dolor o las vanas pasiones. Debemos tener en cuenta que todo esto es una estrategia, que Podemos es un trampolín que nos debe llevar al poder y no a cualquier otra cosa y que además no hay nadie en España mejor para ello que Pablo Iglesias, que él mismo no es más que una herramienta para esto y que no asumir que esto es un magnifico y genial espectáculo nos hará fracasar irremediablemente. Es el circo de la democracia, aquel espacio en que los neoliberales nunca imaginaron que aprenderíamos a jugar y no sólo esto sino que además sabíamos hacerlo mucho mejor que ellos. Si dejamos de jugar a este juego, sencillamente no podemos ganar y no somos nosotros los que elegimos las reglas, nos vienen dadas y no las podemos cambiar. El equipo de Claro que Podemos lo sabe, y es por esto que para ellos no tendría ningún sentido llevar la portavocía de una organización que no asumiese cual es la situación real en la que vivimos. Sin embargo, el equipo de Sumando es tan inconsciente que ha creído que garantizándole su puesto como cabeza de cartel a Pablo sería suficiente como para lograr apoyo a su modelo: Vieja, vieja y sucia política, vieja renqueante y pegajosa forma de pensar.

Ante esto, y en la inminente posibilidad de que Sumando finalmente ganase gracias a que IA se ha colado en casi todos los círculos para vender su modelo y que los medios han aprovechado esta funesta situación para vender a Echenique como el bueno contra un Iglesias estalinista, llegando incluso hasta el punto en el cual el demencial payaso de Eduardo Inda se mostrase más favorable al modelo de Sumando en La Sexta Noche; mi paisana gadita Teresa (co-fundadora de Izquierda Anticapitalista) se acaba de presentar como la alternativa adecuada al castrante autoritarismo de Pablo Iglesias. ¿Acaso no es evidente el entrismo de IA, acaso no es evidente que algo están haciendo mal si les apoya Inda?

Estamos ante el advenimiento de un desastre que se juega esta semana en unas elecciones internas. Y aunque al final, debo decir que no se lo que va a pasar, al menos soy capaz de reconocer que estamos en un momento crucial en el que ánimo a todo el mundo que se lo piense dos veces antes de votar en pos de Sumando y a que se abstenga en todo caso si es que tampoco le convenciera el modelo de Claro que Podemos.

Necesitamos a Pablo, a él y a todo su equipo incluso para el bien de la militancia, nadie más está capacitado para alcanzar el poder, ningún otro equipo podría dar ese salto, estar a la altura de las circunstancias y manejarse en los términos del juego. Además, una vez lo lograsen, las leyes que rebajasen la represión y fomentasen la resistencia vendrían de la mano. Pero si no alcanzamos el poder no somos nada, todo esto no habrá servido para nada y yo no me quiero ir de este país (que ya bastante lejos estoy de mi tierra en Madrid) a que me exploten más amablemente en otro sitio.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Sobre lo distintos modelos organizativos de Podemos (o sobre lo pegajoso y renqueante de las tradiciones)



Alzando poco más de un palmo la vista, podemos ver claramente que uno de esos problemas fundamentales de la izquierda que está nublándonos el juicio en estos días tan cruciales, que (como suele pasar) tiende a irsenos de las manos, es algo que en realidad deberíamos atribuir a una traba propia de lo humano: La finitud de su tiempo y la necesidad de motivación y de sentido que den fuerza a las duras empresas a las que se enfrenta. En este limite fundamental, se marca la línea de sus aspiraciones y la lógica de sus objetivos, ya que toda historia genera a la vez una tradición que delimita la forma en que puede representarse la realidad, marcar su estrategia. Siendo así, lo que vengo a decir es que uno de los principales problemas con respecto al debate de los distintos modelos organizativos de PODEMOS es precisamente que en sus disquisiciones conglomera un profundo sustrato cultural tanto por su tradición como por sus prácticas.

Bien es cierto que sin los cuales la izquierda no sería nada, pero hemos de tener en cuenta que hay que procurar siempre evadirse de lo que uno mismo es en la medida de lo posible a la hora de juzgar la situación, procurando no caer en el nihilismo, claro está, que tanto define y que en cada sombra amenaza nuestro tiempo. Es preciso darse que cuenta que, estas identidades, diferentes dentro de cada una de las tribus que componen la izquierda, son a la vez su peor enemigo; ya que los acontecimientos presentes no cuadran con ninguna realidad política anterior y que además, puestos en materia, la historia y las costumbres siempre están del lado de los otros, de los malos que devoran este mundo. Así pues, intentar enfrentarse a ellos aupados por la inercia de un movimiento cultural que fuese capaz de vencer a tantos criminales es una empresa funesta y abocada al fracaso; la historia no lucha contra sí misma, sino que busca su repetición constante; no evoluciona ni tiene horizonte, reforzarnos sobre el honor del nombre que representamos o la glorificación de nuestros ancestros solo nos puede llevar a perder esta oportunidad.

Esta problemática está muy presente aunque no nos demos cuenta, o al menos así ocurre a mi ver con la escalada de posiciones en el debate sobre cuál es el modelo organizativo que debe conformar la estructura de PODEMOS: En ente escenario encontraríamos a grandes mentes que sin embargo, a mi perspectiva, no han logrado del todo deshacerse de aquello que fueron antes de llegar aquí, este momento crucial en el cual se está jugando el destino de lo que podría ser un golpe fundamental contra aquella narrativa de fracaso que nos atenaza y que tan arraigada está en los corazones comprometidos de este país. Seamos conscientes; durante demasiado tiempo en España la izquierda ha sido forzada a concebir una política de barricada, acostumbrada a la derrota institucional aprendió a manejarse con gracia por los suburbios y las complejas oscuridades de la sociedad, las grietas del sistema y los espacios de resistencia, hasta caer, inevitablemente, en una sensación de miedo y vértigo ante una perspectiva real de gobierno como ocurre en este caso.

Aunque debo confesar en primer lugar que no me he leído más que dos borradores con una mediana profundidad y que del resto sé lo que de otros entiendo en sus comentarios, si puedo decir que he visto suficiente como para definir cuales son las lineas que están marcando esta batalla dialéctica y cuales son los humores que parecen encauzar las distintas lineas de debate al haber seguido, estos si, con mayor atención. Partiendo de este punto podíamos analizar con una nueva perspectiva cual es la visión del mundo que rezuman los distintos modelos organizativos propuestos para PODEMOS; distintas visiones de la realidad identifican distintas problemáticas y a su vez tienden a proponer distintas soluciones.

Es de destacar, siguiendo esta linea, que en el modelo propuesto por Echenique PODEMOS se presentaría más como una organización de resistencia que como un partido político de gobierno: El modelo configuraría una organización sólida en sus bases, construida para resistir todos los embates posibles que sufriera desde el poder, con organismos autónomos que podrían tomar su independencia en caso de que otro circulo hubiese caído, cada uno con su legitimidad independiente. En el mismo además el papel de los portavoces correspondería más al de lideres desligados a la vez que prescindibles que conglomerarían las ya entendidas de antemano distintas corrientes ideológicas del partido, como si el objetivo fuera ponerlos a debatir en un seminario constante que enriqueciera la organización por sus frutos, pero que no tendrían un papel mediático concreto. De hecho, este modelo parece estar configurado más para la acción política concreta, de calle, entendiendo a las instituciones si acaso como herramientas para las labores que los círculos pudiesen organizar, como si en los mismos se tratase de configurar un alter-estado dentro de la organización desde la cual se intentase controlar las instituciones. Es sin duda un modelo militante, hecho para resistir en el que se representa la política como una suerte de situación bélica en la que los muchos pueden ser traidores y que solo puede garantizar sus principios por la acción constante de una base muy activa de militantes que estuvieran poniendo constantemente en movimiento la organización. Siendo así, PODEMOS parecería más una fuerza rupturista que pretendiese crear un poder fáctico alternativo, (quizás en la perspectiva de una revolución a la vieja usanza,) más que como un organismo institucional. El modelo de Echenique, en fin, se asemejaría más un perfeccionamiento de lo que se lleva intentando crear en España al menos desde que el 15M tuvo intención de conformar una estructura propia autónoma que le diese poder sin depender de las estructuras del estado. Este modelo, finalmente, sería la consecuencia lógica y la cúspide intelectual de lo que ha sido la política para la izquierda en España, pero tenemos que tener en cuenta que solo ha sido así Hasta Ahora.

Está claro que desde el imaginario marcial al que han sido arrastrada la izquierda el modelo propuesto por Iglesias desprende un autoritarismo preocupante que requiere de una confianza que ningún militante con dos dedos de frente volvería a tener nunca en su vida con respecto a la clase política. Además, igualaría los poderes políticos dentro de la organización de los militantes con todos aquellos que sin la formación ni la experiencia adecuada quisieran sencillamente dar su voto en cualquier momento. Es, en definitiva, un modelo que para un guerrillero curtido está lleno de peligros y en los cuales no recibiría ninguna compensación extra por todo aquel trabajo que pudiese realizar en pos del partido. El modelo de Iglesias a su vez no se sostendría tanto por la militancia, como por las propias estructuras del estado, es decir: sobre el típico y normal (¿burgués?) funcionariado institucional. Conllevaría (o eso les he leído argumentar) una desmovilización de la sociedad (que tanto está costando construir). La cuestión está en preguntarse que si fuese así, lo sería o no en la misma medida en la cual un cuerpo profesional de bomberos desmoviliza a una comunidad de vecinos a la hora de apagar un incendio. Habría que preguntarse también qué es lo que preferimos y por qué, ya que en este sentido es el cual considero que la izquierda lleva demasiado tiempo haciendo de tripas corazón, convirtiendo en virtudes su tremenda debilidad, cantando himnos a demasiadas situaciones que en realidad eran una triste solución de supervivencia una vez había sido recluida a la periferia y las cloacas. A la izquierda, en fin, cumplir con su buena moral teniendo incidencia real sobre la sociedad a la vez que se recibe un sueldo de las arcas públicas es algo que sencillamente no se le pasa ni por la imaginación a la hora de valorar sus posibilidades.

Esta cuestión es fundamental, ya que los modelos de Echenique e Iglesias entienden dos realidades de lo que es la política y el papel de la misma en un concepto del Estado ontológicamente diferentes: El modelo de Iglesias no está pensado para que PODEMOS se mantuviese por la ardua labor de los militantes, su objetivo no es construir una gran organización informal y combativa sino gobernar un país. Tiene, por tanto, visión de estado y su objetivo es formar un núcleo fuerte con capacidad de maniobra ya bien dentro de la política exterior como en las artimañas que se ingenien las pocas mentes lúcidas que forman parte de la Casta. Siendo así, configura un organismo limitado de profesionales y gente con alta formación que dedicasen su tiempo laborar a esta tarea organizativa, manteniendo su promesa democrática y abriendo un poderoso marco de legitimidad al dejar las decisiones políticas fundamentales abiertas a la participación de la gente a través de los medios digitales; La gente podría dedicarse a otras cosas sin dejar de tener pues incidencia directa sobre lo que ocurre en los organismos de gobierno.

Este último punto es uno de los fundamentales si queremos entender bien las lineas del debate: Un militante es alguien que, se entiende, dedica buena parte de su tiempo a su Circulo, pero que al fin y al cabo normalmente trabaja en otra cosa y hace de la política su pasatiempo. Sin que esto sea algo despectivo tengamos en cuenta que nuestras limitaciones lo requirieren así: La mayoría de la gente no puede dedicarse a más de un par de cosas en la vida; no se puede ser un buen padre, buen político e ingeniero al mismo tiempo, no se puede ser un buen arquitecto a la vez que se va a todas las asambleas y se dedica la atención adecuada a la persona amada, no se puede, en realidad, más que tener amistades, conocimiento riguroso y placeres dentro de un contorno limitado del mundo, ya bien sea nuestro ámbito de trabajo o nuestras aficiones. Con lo cual, proponer un modelo para PODEMOS que se alimentase de su militancia es condenarlo ya bien a que se muera de hambre o ya bien a que sea muy pequeñito, ya que no se puede pretender que a tanta gente le apetezca espontáneamente dedicarse a la política. Es de tener en cuenta que para la mayoría de las personas que participan en esto militar es una tarea ardua e indeseable que se hace más por necesidad que por gusto, y que no se han metido en esto más que porque en ello han encontrado una plataforma de gente que se ayuda mutuamente en sus problemas. Al menos en mi caso personal es así; dedico gran parte del día a leer, a hablar y debatir sobre política, a pensar sobre política, a sufrir por la política y lo cierto es que en realidad lo hago con la intención de que un día pudiese dedicarme a otra cosa, como por ejemplo a hablar de mi poesía o lo mucho que me gustan las texturas de los albaricoques, cosas que en fin no le importan a nadie y que a su vez hacen a la vida más tranquila y bonita, rompen con el peso histórico y enriquecen los momentos que se están viviendo. Cosas en fin, más humanas.

Y es que, tengámoslo en cuenta, los humanos necesitan cosas humanas para ser felices; el modelo de Iglesias para alguien que quiera estar siempre viviendo en la linea que da más miedo puede parecer que deja fuera de la acción política al pueblo, es decir, que le deja fuera a él (ya que pueblo y gente son términos en gran disputa sobre los cuales se tiende a definir siempre lo que uno mismo es) y que por tanto es susceptible de caer en un autoritarismo traicionero. Considero que en realidad no es así, es fácil ver (y en gran parte de la militancia aquí reside su frustración) que en la mayoría de gente desearía más que les dejaran ser felices a su modo sin tener que estar siempre vigilantes, aguzados, instruidos y preparados con tal de sentirse seguros; aquellas personas que piensan que una mayor democracia es una mayor implicación constante en política de forma directa parece que no llegan a entender que hay una inmensidad de mundos más allá de eso que deben cuidarse y tener su espacio en la existencia. No hace falta estar siempre participando para que las cosas se hagan bien, considero que PODEMOS nos da por primera vez la posibilidad de confiar en algunos políticos en este país (y digo “primera vez” con todas las letras) además de garantizarnos las herramientas para que esta confianza no sea ciega, sino bien fundamentada y vigilada por los organismos de control interno, sin que haga falta una masa de gente implicada para su garantía. Una democracia es más un espacio en el cual las cosas pasan tranquilamente, en que la totalidad de las personas pueden participar políticamente si lo desean independientemente de tener que convertir de la política su hobby o su pasión, un espacio en el cual se puede tener tiempo para contemplar conejos, estudiar física, echar la siesta, follar y beberse un gin-tonic más de la cuenta sin que con ello se esté traicionando compromiso ni moral alguna.

Para ello con PODEMOS tenemos una oportunidad, y para ello llevo militando estos años, para que más pronto que tarde tenga la posibilidad de dejar de militar, de que me dejen en paz de una vez tantos deberes, compromisos, dolores de cabeza y migrañas al no poder más que contemplar constantemente una realidad oscura y preocupante.

sábado, 4 de octubre de 2014

Sobre la patria y el exilio en Andalucía.

El septiembre pasado de este año se cumplieron seis años ya desde que llegué a Madrid, yo; como muchos más habían hecho y harían después, era un exiliado. Sin saberlo, alguien susceptible de aquéllos relatos que invitan a viajar, a que la vida de verdad siempre está más allá de lo que uno mismo ha conocido. Sin embargo, estos cuentos ocultaban una realidad mucho más oscura; en realidad, si me vine a Madrid es porque aquí la universidad era mucho mejor, y si sigo aquí, es porque hay más trabajo, si finalmente me voy, será que ya ni siquiera Madrid es suficiente para garantizar mi futuro y tenga que irme aun, mucho, mucho más lejos. Algo que aprendí con el tiempo es esto; que el espíritu de los aventureros en la mayoría de los casos reviste una lucha por la supervivencia y no una búsqueda de una mayor experiencia vital, que las distancias matan, y que las personas necesitan un sustento y un lecho estable en el que poder desarrollarse, un lugar en el que vivir y morir en paz para los hijos y para los abuelos.

En Madrid, a un pequeño paso estoy de haber perdido mi acento y a menudo se me hace difícil imaginar algún tipo de hermandad y compromiso para con mi tierra a la vez que la gran ciudad, cosmopolita, abrumadora, bulliciosa, violenta y desgranada de cobijo invita al solipsismo y la perdida de perspectiva, el desarraigo cultural y emotivo. Sin embargo, a su vez me ha permitido estudiar y darme esta visión sobre nuestra propia historia y los pedazos ralos y descosidos que quedan de nuestro pueblo.

Andalucía, hace mucho tiempo ya que dejó de ser una tierra orgullosa, enfrascada en una religión demasiado opresiva en la que no deja de buscar un remanso de piedad contra tantas miserias que la azotan, sitiada por los cuatro vientos por buitres extranjeros que expoliaron su riqueza natural y menospreciada a su vez como se menosprecia una parra centenaria en comparación con un coche nuevo y desechable.

Dentro de la misma, a los Andaluces nos han faltado himnos para un pueblo que abundaba por todas partes y al que le sobran caciques, señoritos y expoliadores, criminales que deberíamos de haber expulsado en su momento y por los que aun andamos pagando penitencia. Pero, ¿cómo hacerlo? Aquéllos de los nuestros en los que abunda el espíritu lo buscan fuera de sus fronteras y si vuelven a la tierra es para buscar el puchero de la abuela, el poco aire que nos queda y un trago de Sol que ayude a mantener los fríos inviernos del norte al que volverán después.

Y es que, si hay algo que define la patria de los Andaluces es que se vive, se siente y se anhela en el exilio; aprendemos a amar nuestra tierra cuando estamos lejos, cuando ya no podemos volver atrás o cuando sentimos que la necesitamos más de lo que nos podíamos imaginar a la vez que sufrimos la pesadumbre de que tal amor no es suficiente y que volver en cualquier caso sería un fracaso, porque nuestra tierra cada día se vuelve un poco más estéril, un poco más ausente

La juventud y la inexperiencia no me hubieran permitido verlo jamás así como a buena parte de mis compatriotas que a menudo veo atenazados por la frustración de no haberse podido ir más lejos, atrapados en su tierra, renegando de ella como de una prisión e invernadero de desgracias. Muchos de ellos quisieran haber hecho como yo e irse lejos, lo más lejos posible, buscando un barco, un tren o un avión que les ofreciera alguna oportunidad laborar, alguna oportunidad en fin, para desarrollarse.

Y es por esto que nuestro primer paso está en reconstruir el orgullo de nuestra Andalucía, y no hace falta recurrir a los tiempos de Averroes para esto, lo primero que tenemos que darnos cuenta es que a día de hoy el valor de Andalucía está disperso por buena parte del mundo, que gran parte de las mejores mentes y las mejores manos son Andaluzas aunque no lo digan por ahí. Es de notar que los andaluces más allá de nuestras fronteras no se nos identifica como tal, como si nuestra virtud fuera “a pesar de” en vez de “por ser de” (así como tienden a reivindicarse en el caso Catalán, por ejemplo). Claro que los Andaluces somos demasiado listos como para pensar cosas así; acostumbrados a nuestra identidad foránea y nuestro conocimiento del mundo a va ser difícil que nos creamos un nacionalismo cutre, genético. Tantoque para nuestra Andalucía las formulas nacionalistas no pueden funcionar, pero quizás sí una patria.

Porque podemos ser muchas cosas, pero en esencia si no tenemos patria no tendremos nada, porque la patria no son las fronteras, sino el amor a la tierra, el sentirse parte de los tuyos y el tener algo que defender; nos toca pues reclamar los siglos prometidos y retomar Andalucía de su abandono, amarla porque por lejos que estemos de ella somos parte y porque es un lugar lleno de fuerza y posibilidades y no haría falta tanto (expulsar algunos usurpadores, repartir algunas tierras,) para que volviese a granar esta tierra que aunque aparenta ir camino del olvido, cada vez más, siento que está apunto de levantarse.