Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

sábado, 9 de agosto de 2014

¿Qué es la Academia sino un ejercito de devoradores de mundos? Consumirían toda la realidad con tal de saciar su sed, su hambre atroz que llaman “conocimiento”. ¿Pero qué mueve ese conocimiento? No es la pasión por las cosas, no es el placer que otorgan los sentidos ni un anhelo de vivir, no provoca vibración alguna ni puede lograr consuelo. La Academia no es de este mundo ni puede estar gobernada más que por un terrible demonio de furia infinita; ante él, la belleza, el amor, ¿Qué son más que unas terribles afrentas contra su orgullo? La evocación al silencio ante lo sublime, ¿acaso no les llena de rabia, no les enfurece? Llaman entendimiento a lo que en realidad es una prisión monstruosa en la que enclaustran todas las pequeñas fuerzas de este mundo, para ellos, todo lo que no comprenden es una rebelión, un atentado contra su poder, su gloria y su vanidad absoluta. Ellos proclaman y hablan de libertad, de empoderamiento contra la historia y se creen en lugar de ordenar la fortuna a su antojo, pero no, los hados se resisten contra ellos y les niegan sus bendiciones, les impiden conocerles y vivirles, les condenan por la usurpación que pretenden de los sentidos naturales de la tierra. El destino, se les cierra y niega su suerte, no sabrán el amor ni la gracia, el sagrado devenir que glorifica el peregrino, el Espíritu que se mueve en el fondo de nosotros y de los que todos, al verlo, sienten el impulso y el deseo de formar parte. Pero no para la Academia, no, ellos quieren devorarlo, robar el secreto para sumarlo a su biblioteca de muertos, y es por eso que nunca comprenderán, nunca entenderán, hasta morir sufriendo por la condena que es castigo contra los crímenes que infringen a las cosas.

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