Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

jueves, 28 de noviembre de 2013

Sobre la dicotomía de amistad y pareja.

En los modelos comunes de relaciones de nuestra la sociedad presente, en el marco de referencia sobre el cual se establecen los criterios de esfuerzo para con el otro se tiende a establecer una dicotomía diferenciada entre la pareja y todos los demás (situando el caso de la familia a parte en este análisis).
La estructura suele ser la siguiente: Con la pareja nos esforzamos, con el resto no. Esta idea dea que suele estar sostenida bajo el siguiente argumento: En primer lugar se parte de una dificultad base en el trato con los demás, los otros se presentan como cosas ajenas, con sus problemas sus manías y sus traumas, sus cosas que no nos gustan o que nos parecen mal, en mucho casos incluso como enemigos potenciales por su situación dentro de un conjunto de relaciones o por intereses en conflictos, etc. En este sentido las amistades se construyen en marcos de afinidad o de simpatía entre individuos, son amigos aquellos que, por azar, al encontrarse encuentran una compatibilidad o unos intereses compatibles o comunes con respeto a fines compartidos, y en este sentido son construidas las amistades en la medida en que esta concordancia de intereses se esté dando o en la medida en que los rasgos de carácter sean compatibles. Bajo esta práctica, la amistad se construye a partir de “lo dado” es decir, a partir de tal y como nos encontramos con los demás, siendo pues que aquellas personas con quien desde el primer momento no se comparten estos intereses o afinidades ni siquiera llaman la atención si bien no son considerados hostiles. Siendo así, las relaciones de amistad “llegan hasta donde pueden llegar y comparten hasta donde pueden compartir” no se busca profundizar y además tal forma de hacer se convierte en normativa, normatividad sobre la que a su vez se construye determinada norma de virtud que es comúnmente entendida como “el respeto”. Respetar a los demás en este sentido es no “entrometerse en los asuntos del otro”, “tolerar” aquellas cosas que no nos gusten y demás haceres marcados siempre por valor de “no interferencia” en quien el otro es, siendo pues que cuando este se presenta como “intolerable” sencillamente pasa a “caer mal” y ante ello el que en un primer momento fue “un amigo” va poniendo distancias sucesivas en los casos de desagrado con respecto a la forma de ser del otro si bien no decide sencillamente cortar la relación a raíz de algún suceso desagradable. Así bien se puede decir que en general las relaciones de amistad están atravesadas por una superficialidad intrínseca a su construcción ya que el desagrado no tiende más que a la distancia. En los cánones comunes esta superficialidad es además algo bueno, ya que no actuar de esta manera se traduce en una exigencia para con los demás, cosa que además se entiende como algo negativo, invasivo y opresivo con respecto al otro, con lo cual, despreciable ya que rompe con la idea de “respeto” sobre la cual se asientan este tipo de relaciones.
Bien, hasta aquí tenemos un breve resumen de la amistad, vayamos a las relaciones de pareja: Las relaciones de pareja son el sentido opuesto a las relaciones de amistad ya que en estas la implicación con el otro y por tanto la exigencia son la norma. La argumentación general sobre este modelo suele entenderse de la siguiente manera: Se parte igualmente de la dificultad y hostilidad general de las relaciones en el mundo pero bajo este modelo se toma de forma diferente pues aborda bajo un “proyecto común” en principio alimentado bajo un “Amor” que funciona de motor del mismo. En este sentido las incompatibilidades con el otro ya no son en principio motivo de la separación (no al menos mientras no sean demasiado graves) sino que intentan superarse en pos del “proyecto en común” que es en sí misma la relación de pareja. Esto no se hace con las amistades pues es comúnmente entendido que abordar estas cosas entraña gran dificultad, además de muchos conflictos los cuales no pueden ser abordados sin un amor que funcione de “colchón” contra los problemas que se le atañen a este hacer siendo pues que solo las relaciones de pareja son aquellas bajo las cuales se entiende que uno puede transformarse o cambiar siendo por lo tanto entendidas que estas son relaciones “trascendentes” en contraposición a las relaciones de amistad. Siguiendo esta línea las relaciones de pareja en contraposición a las de amistad requieren esfuerzo y es por tanto legitimo ser exigentes con el otro, se exige este esfuerzo por la propia continuidad de la relación, en pos de tal proyecto común. Siendo así las relaciones de pareja son entendidas como algo difícil, cargante, para lo que hay que estar preparado o que tienen que “valer la pena” debido al sacrifico que suponen. Dado el caso, si el amor deja de estar presente o pierde la intensidad necesaria para abordar la relación esta se rompe y las personas se separan pues solo tal puede mantenerlas unidas en el conflicto.
Y hasta aquí tenemos una breve reseña de las características que definen la dicotomía que separa las amistades de las parejas.

Y ante esta situación yo me pregunto: ¿Se puede ser más terriblemente exigente y egoísta que en el hecho de no querer esforzarse mínimamente por los demás a menos que estos nos lo den todo sin excepción, a menos que sea dentro de una relación de propiedad donde el mínimo esfuerzo que hagamos por el otro tenga que estar sostenido por un amor tan intenso que nunca llegamos a sentir el peso de los esfuerzos que hagamos, siendo pues que si este flaquea el mínimo malestar que produce hacer algo por los demás se convierte en fundamento de ruptura?

Mientras no consigamos romper con esta dicotomía nuestras relaciones de amistad siempre serán frívolas y nuestras relaciones sentimentales demasiado difíciles como para lograr mantenerlas o llevarlas a cabo de forma satisfactoria. Tan solo en la medida en que consigamos introducir el amor en nuestras amistades a fin de que sea posible un mínimo esfuerzo y compromiso para con las mismas, así como tan solo en la medida en que consigamos librarnos de las exigencias brutales a las que sometemos a nuestras parejas a fin de dar más margen a los espacios y procesos necesarios para un sano desarrollo de las transformaciones que nos suponen lograremos tener relaciones satisfactorias con los demás.
Me atrevo a decir incluso, que solo en esta media el Amor será posible y dejará de estar condenado al fracaso.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sobre el buen gobierno.

Pensar que hay personas corruptas y personas que no lo son es de una peligrosa idiotez política; la honestidad es la excepción y esta solo prueba que hay ciertos milagros posibles dentro de la condición humana, pero a la vez son la demostración fundamental de que no puede fundarse la política sobre la virtud. En lo que refiere al gobierno de un estado la corrección no es resultado más que de lo mismo que moviliza el general de las voluntades humanas: El miedo y la coerción, y por tanto, pensar en un estado justo cuyos gobernantes no vivan con un miedo superior que el de sus súbditos es una gran mentira. Los gobernantes deben ser de hecho los esclavos, el escalafón más miserable de una sociedad y más oprimido para así garantizar el buen funcionamiento de la misma. (Tanto es así, que en la historia del hombre los casos donde los "reyes" eran extranjeros capturados no han sido escasos). Mientras no tengamos esto en cuenta y no seamos consciente de que los gobiernos no deben ser más que los lacayos miserables que se encarguen de la administración forzosa de los bienes de un pueblo en armas estaremos abocados a la barbarie y la esclavitud.