Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

lunes, 14 de octubre de 2013

Sobre la imposibilidad del amor

"Amor absoluto e incondicional."
El problema radical de esta sentencia es que tal deseo, no es uno solo, sino que son dos que además refieren a dos tipos de amor distintos, o dos circunstancias diferentes, necesarias para hablar de Amor en realidad, pero que no suelen darse juntas…

Amor absoluto, tal es el que siente el enamorado, o más bien “el que se acaba de enamorar”, enamorarnos nos hace querer darlo todo, funciona como movilizador, “da sentido” a algo que hacer más o menos concreto a nuestra vida, y con ello a todo lo demás; Cuando dos personas se encuentran y se enamoran se lo Prometen todo, la sensación refiere a esa totalidad… A ese absoluto, pero qué es ¿más que una promesa? El sentimiento de absoluto lo da la pasión, lo da el orgasmo, el desaparecer en el otro; Cuando nos presentamos ante alguien que no conocemos podemos prometerle el cielo, prometérnoslo a nosotros mismos, cambiar, todo aquello que aprendimos antes de conocer a esa persona, pero que no pudimos aplicar por el peso del tiempo, del rencor, de la asfixia propia de los malos hábitos, en fin, es a través de un desconocido, y no a través de quien habita nuestra vida donde encontramos un escape de nuestro propio dolor, nuestro peso y nuestro fracaso; Un nuevo amor es un nuevo comienzo y es así como nos vemos abocados a darlo todo, a desaparecer en esa persona, esperando que nos cambie, y a la vez, esperando que todo aquello que intentamos antes pueda ser posible en una nueva oportunidad. Todo lo hecho hasta ese momento es viejo, muerto, quien confía en tal futuro ya no siente nostalgia pues no tiene nada más que esperar de su pasado, nada que guardar de él, así puede darlo todo, prometerlo todo, absoluto.
Pero todas estas promesas, tal totalidad no es más que eso, una promesa, dicho de otra manera; No es real, pues hay siempre demasiado de nosotros mismos puesto en el otro, prometemos darlo todo, pero no podemos darlo todo; Cada persona tiene unos símbolos, una cultura, por así decirlo, unas costumbres, una psicología diferente, hay puentes de comunicación pero siempre son insuficientes, siempre son erróneos, engañosos, artificiales, fallidos. Muchas veces vemos como las relaciones entre aquellos que se fundieron son truncadas de repente, “cuando pasa el enamoramiento” dicen, hablan de cuestiones relacionadas con la biología, hablan de endorfinas y tonterías, hablan también de “conocerse”. Si se llegan a romper, es que nunca llegaron a conocerse, sencillamente esto pasa cuando se dan cuenta de que el otro, aquel de quien se enamoraron es otro, no uno mismo, y por tanto como acabo de escribir tiene su propio mundo, se dan cuenta quizás del inmenso trabajo que supone traducir tal realidad a la propia, traducir la propia realidad a la del otro, un trabajo titánico, de años… Es mejor buscar, piensan, a la “media naranja” aquel con quien tal trabajo no fuera necesario, pero eso es imposible, todos vivimos separados entre abismos, sean cuales sean las cosas que nos unan serán siempre más las que nos separen, pero no las más fuertes, y aquí está el amor.

Amor incondicional, este es un amor muy distinto, radicalmente opuesto, casi, se forja en el tiempo a fuerza de perseverancia, es también una promesa pero no la promesa de darlo todo, de serlo todo, sino de “estar ahí, pese a todo”, es la promesa de que, independientemente, incondicionalmente, sea como fuere, “estaré contigo, en la forma que sea, en la mayor medida que sea posible, donde sea posible, como sea posible, estaré contigo”.
Forjar este amor es semejante a forjar una hermandad, a veces vemos como algunas parejas se sienten entre ellos como hermanos, sienten tal cosa como una tragedia, a veces incluso como la muerte del amor pero ¿acaso no es bien distinto? Hermanos son aquellos que, pese a todo, por una suerte del destino, pero que pase lo que pase, estarán unos en la vida de los otros, siempre, hasta la muerte ¿No es esto, en estructura, lo que define al amor incondicional? Tal situación es posible forjarla con el tiempo, pues pasando el tiempo los amantes comienzan a conocerse (teniendo en cuenta además que los amantes hasta cierte punto podemos elegirlos, a los hermanos no), van liberando todo lo que hay “de sí mismos” en el amor hacia el otro y es así como pueden comenzar a amar al otro “de verdad”. Hablando mucho, todo el rato, todo el tiempo, callando otras veces, para escuchar, es cómo es posible; saliendo de nosotros mismos y por la experiencia ir traduciendo, como decía antes, el mundo interior propio hacía el mundo ajeno del otro y viceversa. Es esto lo cual va haciendo posible el entendimiento, lo cual no solo tiene un gran valor en sí mismo sino además como condición de posibilidad de algo de valor aún mayor, como es la sinceridad. En general no miente quien no tiene motivos para ello, en general, en las relaciones, muchas veces los receptores de las mentiras son tan o más culpables de que les mientan que aquellos que se ven obligados a ello, ofuscados por las condiciones asfixiantes en que suelen ser situados, en las que suelen situarse los amantes. El conocimiento mutuo es como un desnudarse, aquello con lo cual pueden ir librándose los enamorados de las mascaras que adoptaron para ser merecedores del amor, para poder amarse, en este punto el vinculo que se crea tiende a la eternidad precisamente porque las condiciones sobre las que se sostenía en un principio la relación se van desvaneciendo, el amor se va asentando, se va haciendo real, con ello incondicional, pero a la vez, como hemos visto sido o víctimas muchas veces… Perdiendo su fuerza, su intensidad, ya bien por el paso del tiempo, ya bien por las muchas heridas que nos hacemos, ya bien por el surgimiento de amores nuevos.
Sin embargo, el amor que buscamos es un amor que cumpla con estas dos condiciones, absoluto por la pasión, incondicional por la sinceridad. En este sentido, todo lo que he pensado y escrito, así como defendido sobre el amor libre ha sido intentando solucionar el siguiente problema, hay una parte del amor que es construida, aquella que da la incondicionalidad, pero la que da el absoluto no lo es, no podemos elegir ese sentimiento, “nos es dado”. Es a esto ante lo cual el amor libre sería una solución, una serie de saberes y técnicas, de principios contra todo aquello que nos aboca a la imposibilidad del amor (como totalidad, aquel en el que se da lo incondicional y lo absoluto, Amor en sentido puro). El problema está en que todo que podemos hacer, todo aquello a lo que puede referir el amor libre en sentido práctico no es más que a la incondicionalidad del amor, podría decirse así, si se quiere, como que el amor libre es una especie de intento para que las relaciones duren lo suficiente y sean lo suficientemente sinceras y libres como para que estas pueda llegar a surgir el amor de verdad y no solo su vana promesa disfrazada de deseos propios.
Así pues, el amor libre funcionaria como condición de posibilidad pero ¿Tiene realmente esto sentido? Me debato ahora en el terrible problema de que nada nos asegura que “pese a darse todas las condiciones adecuadas” nos enamoremos de tal persona… Y teniendo en cuenta esto la realidad se me torna nuevamente en un sentido trágico, parece ser que pese a todos mis esfuerzos la esperanza por un Amor que pueda ser realmente llamado como tal es dada, pero bajo una posibilidad muy, muy escasa, como es el hecho de que dos personas mantengan su pasión durante todo el proceso de reconocimiento ( lo cual es casi imposible) o ya bien que se “volviesen a enamorar” en algún punto desarrollado de este, lo cual se hace doblemente difícil si tenemos en cuenta la naturaleza caprichosa del corazón, que siempre busca más y más, y nuevas y mejores promesas y esperanzas.

Parece cierto que gracias al amor libre podamos llegar a tener relaciones incondicionales, pero nada nos asegura que sean absolutas al mismo tiempo (todo apunta a que no). Siendo pues que aunque el resto de los mortales se vean azuzados entre sentimientos de totalidad por un lado con su consecutiva ruptura en un ciclo ya bien remitente ya bien castrante ( por aquellos casos en que se logra una conformidad mediocre entre en silencio y la distancia dentro de las relaciones). Nosotros, aquellos que nos vemos abocados a este trabajo y que hablamos de la libertad del amor no nos veo en mejor suerte, pues aunque lleguemos a tener las dos partes de nuestro deseo nada nos asegura que podamos llegar a tenerlas al unísono. ¿Es entonces que habremos de buscarlas en personas diferentes? Ya he comprobado que este engaño a los sentidos tiende a no funcionar… Sea como fuere, seguiré trabajando en este sentido.