Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

domingo, 10 de marzo de 2013

No podemos llamar virtud a cuanto nos separa, ni llamar banal a cuanto nos une



Es doloroso comprender que nuestros más honrados valores no instauran más que la guerra,y pretender que todo fallo es la impureza nos paraliza y nos hace ser fanáticos aún más de una luz que ciega aquello que en un principio pretendía fundar.

Sin embargo esto no debe desasosegarnos, hay cierta buena moral natural pero que no alumbra este mundo por sus dotes de virtud sino por su deseo sencillo de formar sociedad. Hay un buen corazón, en aquellas personas que no juzgan más allá de lo dado por cuantos les rodean, el simple deseo de buscar “llevarse bien” en un mundo de abismos e identidades enfrentadas es un signo de amor sobre el que puede fundarse una comunidad, y con ello, lograr mayor virtud social que cualquier iglesia habida y por haber. Pues ningún valor moral tiene normas que deban enseñarse, ninguna obligación legitima les puede ser atribuida si atravesara la frontera de la mera benevolencia.

Los cauces por lo que hemos juzgando nuestros daños deben revisarse y los principios sobre los que nos juzgamos deben quebrar su normatividad en pos de abrir una nueva vía de juicio tendencial, es decir, no entender la moral como un conjunto de reglas, sino como fuerzas, tensiones que nos sean útiles para el juicio, éste ultimo; el juicio o la capacidad de juzgar no puede ser jamás desvalorizada, la critica debe tener siempre donde respirar.

La belleza está en comprender que tal juicio solo puede ser abierto una vez ya se haya formado una unión firme entre las partes que vayan a ser enfrentadas y que si esta unión se pone en juego en el propio juicio (sea o no en virtud de cómo este concluya) o no se constituya antes del mismo todo juicio nos será inútil a nosotros mismos y a los demás, pero además, lo que es peor: agrandará la brecha hasta formar un campo de batalla.

Es por esto que digo que no puede ser banal aquello, lo que sea que hagamos, con tal de formar un espacio que permita una comunidad, unión, amor, entre personas; pues es a través de esto sobre lo cual puede realmente ser dado un espacio critico útil. Y además, no puede llamarse virtud aquello que nos separa, por más de pretender configurar una pureza o salvaguarde de una corrupción, pues en una coraza dorada se ahoga el corazón y levanta la espada contra quienes no beben la misma luz.