Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

miércoles, 21 de marzo de 2012

Sobre lo bello y lo feo.

Las consideraciones, cualquiera que sean, sean por quién sean sobre la belleza o la fealdad como tal son del todo desechables ante la pregunta por su identidad y su constitución más allá de un simbolismo fraternal entre aquellos que opinan semejante.

Es por ello que desde la identidad del barrio hasta la nación se forman sobre consideraciones estéticas determinadas sencillamente por repetición. Una mayor cantidad de apreciaciones sobre determinado objeto corresponderán a la exportación de este ente hacía otras personas, las cuales volverán a repetir este proceso. De este modo se construye el gusto estético.

Estos gustos, son a la vez los que constituyen la personalidad e interpretación personal de los procesos emocionales, de modo qué una determinada tendencia estética, crea a su vez su propio lenguaje, el cual traduce de forma determinada la forma en que se relaciona el individuo tanto con su propia emocionalidad como con el exterior.

En el transcurso histórico además el desarrollo científico, industrial, técnico y político van creando a su vez nuevos imaginarios sociales, que a su vez van generando nuevos lenguajes y formulas de sensibilidad hacía determinados ámbitos que antes o después se verán o se ignorarán como sujeto estético, este efecto ocurre además con el humor, el cual se hace efectivo o no, no solo en el lugar, sino además en la situación y momento histórico en que se encuentre.

Ocurre de forma paralela el efecto creado por la costumbre y la tradición, el cual tiende al asentamiento de estos imaginarios sociales a fin de constituir una identidad social. Este efecto es paralizador y definitorio, por lo que se ve enfrentado al curso histórico intentando paralizarlo y detenerlo en un punto cualquiera pero definido. Es solo a raíz de este punto de donde es posible el surgimiento de juicios tales como “bonito”: (acorde al modelo), “feo” (contrapuesto al modelo), “asco” (ajeno al modelo, destructor del modelo, incomprensible.)

En el caso de la “Fuente-Urinario” de Duchamp podemos ver con claridad el enfrentamiento entre estas fuerzas:

Por un lado la nueva estética que encuentra lo bello en el aura de su tiempo, encontrándolo pues en los efectos del desarrollo industrial (reproducibilidad técnica infinita). Pero la estética tradicional no es que lo considere algo “feo” como podría ser una obra de arte pictórica mal realizada, sino que lo considera “asqueroso” pues está de hecho atentado contra las consideraciones establecidas.

Finalmente, aún abría que valorar si fuera acaso posible encontrar algún tipo de estética universal (al menos para el ámbito de lo humano) y que no estuviera siempre sujeta a estas o cuales determinaciones viejas o nuevas. Para este trabajo, habría que centrarse no ya en la idea de “belleza” sino de “sublime” como aquello que en mucho nos supera y que a la vez no podemos ser los hombres sus propios autores pero que sin embargo nos lleva a admirarlo y a guardar silencio ante su presentación.

Si hubiera algo así sobre la tierra por tanto habría que buscarlo en la naturaleza, sus efectos, o quizás en la pura razón, citando a Kant “Dos cosas llenan mi alma de renovado y creciente asombro y admiración, el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral en mí”

miércoles, 14 de marzo de 2012

Sobre el nacionalismo.

Si el principio del nacionalismo es cierto, lo es tanto para las pequeñas localidades como para las bastas regiones, pero dado que estas segundas son irrepresentables para el imaginario simbólico que requiere cualquier nacionalismo, solo tiene sentido reivindicarlo en los espacios locales y pequeños, rompiendo entonces necesariamente con la legitimidad de cualquier estado de reivindicar el nacionalismo como un carácter propio y adecuado en su defensa, siendo pues, que tal apología solo puede ser posible mediante una gran violencia sobre las identidades locales y un adoctrinamiento asesino de las raíces históricas de cada comunidad.

Si en caso contrario, el principio del nacionalismo es falso, no es valido ni para lo pequeño ni para lo grande, siendo cualquier identidad histórica y cultural ilegitima, por lo que cualquier estado estaría igualmente cometiendo un crimen al intentar conglomerar una sociedad cualesquiera dentro de sus limites territoriales e históricos. En este caso, los nacionalismos locales solo podrían salvarse dentro de los limites que establecen las relaciones sociales de cada comunidad, siendo pues, "la patria del parque" la única salvable no por su identidad como patria, sino por su vinculo de amistad.