Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre el conocimiento a través del proceso de creación artístico.

“No es más hondo el poeta en su oscuros subsuelo encerrado,
su canto asciende a más profundo,
cuando abierto en el aire, ya es de todos los hombres”
Balada a los poetas andaluces, Rafael Alberti.

El desarrollo artístico ha estado siempre íntimamente ligado en su producción material al desarrollo tecnológico con los nuevos materiales que éste aporta a la sociedad, así como las nuevas técnicas y medios que tiene el artista a su disposición para aplicar a las materias. El proceso de creación artística no es inocuo, sino que interfiere directamente sobre la propia emotividad que el sujeto pretende expresar. El valor expresivo de la pieza será siempre de ámbito muy diferente si el autor lo ha creado con sus propias manos, manchándose o no, aplicándose también a la pieza las características de las herramientas que el autor utilice. El proceso de creación es por tanto un hacer relacional en el que el artista no solo tiene que manejar su propio universo simbólico, sino que tiene que saber hacer mediar a este con el mundo externo, por lo que el resultado será siempre distinto según los medios que se utilicen.
Los distintos materiales incluyen ya de por si diferentes características, y con ello, diversos valores expresivos, por ejemplo, siempre será más cálida una figura de madera que una de metal, y esta última demás agresiva que la primera. Además, las diferentes técnicas y usos posibles que pueden aplicarse a los distintos materiales pueden llegar a hacer del sujeto creador apenas (más de una vez así ellos mismos se han manifestado) un misero canal para hacer surgir al mundo las sensibilidades propias de las cosas.
Pero cuando un artista hace una afirmación así, exactamente ¿a que se refiere?¿sienten las cosas lo que son? No lo creo... Mi observación es que en realidad el artista a lo que se refiere es al efecto que tales materias nos producen a nosotros de forma general, y esto es debido a un determinado “ZeitGeist” que atraviese determinada sociedad en ese momento. El ZeitGeist (en alemán “ espíritu de la era) es la expresión que se refiere al determinado marco simbólico (sentir general) que atraviesa una sociedad en un momento determinado. Este espíritu no es ninguna expresión simbólica en si, sino que se trata de eso conglomerado de historias, emotividades, dogmas tópicos, situación social, etc, que da sentido a las distintas expresiones simbólicas que acontecen en ese tiempo. Que por ejemplo un chiste que hiciera gracia en un tiempo y luego no, no es porque se desgaste, es porque se ha transformado la situación que hacia que determinada ocurrencia fuera algo gracioso.
Así pues lo mismo ocurre con el arte. El artista, en su proceso creativo no solo tiene que mediar con el mundo material, sino que además tiene que enfrentarse al mundo simbólico, el cual, de por sí, es inexpresable, pero que establece el sentido de toda expresión. Debido a esto, todo creador por más que quiera hacer una critica de la sociedad, nunca puede dejar de estar representándola a la vez, una y otra vez, siempre en sus obras.
Ahora bien, el artista no tiene que ser siempre, e inevitablemente víctima de la historia, en realidad dentro del mismo proceso creativo está la calve de su superación. En mis análisis, cuando un sujeto procura a través del arte realizar una expresión comienza un proceso reflexivo de su propia emoción, y, a medida que logra terminar una obra logra además completar un fragmento de su intención. Así pues, en la medida en que el artista se sumerge en el proceso creativo va madurando su propia emotividad y profundizando más en el sentido de la misma. En la medida en que es expresado, el sentimiento madura y busca su sentido. Finalmente, a través de este estudio de la experiencia el artista puede completar aquello que buscaba en su expresión, y este es el verdadero momento en que se crea la obra de arte. Apelando al sentimiento de belleza Kantiano, es ahí cuando el artista ha conseguido liberarse al máximo posible de sus limitaciones históricas logrando crear una obra de arte, es cuando al presenciarla, los hombres solo pueden guardar silencio al reinar en ellos un pleno sentimiento de “fraternidad” con todos aquellos que lo perciben. Ante esto, no bastaría con afirmar que es el artista aquel que “muestra” la obra, en realidad una obra de arte solo puede tener este carácter universal ahí donde el artista definitivamente ha “desaparecido” y donde no podemos encontrar por ninguna parte restos de la masturbación emocional que el autor (sientiendonos entonces objetos de su gozo) sino ahí donde el artista logra a través de buscar lo más profundo en él aquello que es común a todos. Como he explicado, este es un proceso relacional-reflexivo que establece el sujeto creador con el mundo, por lo que el artista se convierte en algo más en la medida en que “aprende a morir” siguiendo la literatura Platónica, en sus obras. El artista se vuelve filosofo, y es en esta media en la que puede expresar aquello de lo que el resto de la sociedad es solo víctima, y en su conocimiento de lo expresado aportar nuevos contenidos teóricos al respecto. Ya que las situaciones que atraviesan las sociedades son inexpresables solo pueden ser conocidas racionalmente a través de su experimentación en el caso concreto de uno mismo (siempre que se cumpla el proceso antes descrito sobre el sujeto).

martes, 24 de enero de 2012

Sobre la frialdad de la razón, y el fuego de los corazones.

Razón fría, razón universal, frío universal, temperatura del vacío, lugar de la nada. Razón, esterilidad máxima de toda creación, no hay palabra más exenta de fuerza y obediencia sobre la tierra. Y sin embargo, se esfuerza por alcanzar su existencia con la mayor prepotencia posible, no se hace digna de este ni de ningún otro mundo sino de un espacio que no existe y que titula con más autoridad que toda nuestra historia. No se sitúa en el tiempo, por lo que ni guarda raíces, ni tiene aliados, ni justifica su sentido. Razón, es el nombre de una maldición en la carne, carne perforada, carne horadada, carne obligada a arrodillarse, si alguna vez (cosa que jamás podría) la razón vence contra la misma totalidad.

¿Cómo es posible? Es que acaso esa no existencia puede insertarse en nuestra piel como un daimon, y ese no hacer, no sentir, ¿puede hablarnos con una voz que nos impulse el deseo? ¿Es que tal pureza, un dios impropio de los hombres, que ni vive en nuestro mundo ni reconoce a nuestros dioses puede embriagarnos sin poesía, puede mandarnos sin gobiernos, puede hacer héroes sin cantos, alabanzas, leyendas ni recuerdos? ¿Cómo es posible? Tal épica de los máthēmas, capaz de movernos sin compensación ni promesa, nos enseña a a morir, morir por deber con su condena despótica, su obediencia inexcusable.

Razón fría, razón inhumana, una razón de que nadie puede formar parte, a la que ninguno nos podemos acoger, cuya identificación nos atraviesa como una estaca, una lanzada en el tórax, directo al corazón. Razón Fría, razón ajena, ¿Qué ojo o mano inmortal pudo trazar tu aterradora simetría? Razón que en nada nos identifica que en nada nos resguarda y que sin embargo no nos deja en paz, no nos trae la paz; Nos acosa, nos culpa y señala, el crimen está en todas partes, la solución no está otorgada, la voluntad de los hombres no es capaz de dar un solo paso en semejante invierno, se resguarda sobre si mismo, se protege ante la nieve con la piel de las bestias, solo quiere descansar.

¿Es este el faro que levantaron los antiguos? ¿Es esta la luz? Pues su brillo es metálico y rasga la piel, ilumina un mundo que no reconocemos, que no podemos sentir ni comprender, su fuego paraliza el torrente de la sangre, nos hace a todos distintos entre los dedos, pero iguales ante la crueldad. ¡Razón, razón! Canta un coro de piedras sobre el que se sostiene la torre, pero ninguna de ellas tiene rostro, ni boca, ni aliento, es un eco entre cavidades, fosas que semejantes a un abismo contemplan su mundo inmóvil e inerte.

Los hombres se postran ante ellas, ¿Pero son hombres ya?¿Son apenas autómatas? Pues tal visión les paraliza, arrojados más allá de donde puedan verse unos a otros, ya no tienen nada que decirse, ya no tienen nadie con quien conversar. ¿Qué es este nuevo juicio donde no existe bondad? Han perdido también las yemas de los dedos. ¿Qué es este nuevo juicio donde no existe la culpa? Un torrente de respuestas les niega toda salida, su saber les hace libres, libres de toda tensión, libres de todo impulso. La visión constante del mundo se torna en una caída en los eternos, que en nada pueden a-prender, que permanece silencioso, estático en el centro del universo, que ni conoce ni se preocupa por la existencia de los hombres.


¿Es posible refugio alguno? Pues la tormenta no viene del cielo, no cae sobre la tierra, su atronar es apenas un susurro, pero corta con frío acero el sentir de los hombres. ¿De donde proviene? Fuimos empalados por su estigma, no tenemos escapatoria contra su voz constante, su voz cruel. ¡Debes, Debes! Sus palabras claman a cada pensamiento, no podemos retroceder, no hay escapatoria. Y es por ello que los hombres acosados por este destino buscaron otro distinto, un amo menos severo, un amo más apropiado, los hombres cazaron a las bestias y se vistieron con sus pieles buscando pertenecer a otra naturaleza, prefiniendo haber nacido animales, guarneciendose de la helada, engañando su suerte.

“Hágase mi voluntad” Era la nueva ley de los hombres, pues levantaron nuevos muros allá donde todo era llano, y sobre los mismos dictaron sus himnos, pintaron sus señas, era este el tiempo del uno y los muchos, ya no tendrían que estar nunca más arrodillados en su espíritu, pues si bien les obligase el miedo, el nuevo mundo que en ellos construían les daba una nueva fuerza y un nuevo lugar sobre el que esparcir sus deseos. Podo a poco fue extinguiéndose el hielo que todo lo cubría, y en su lugar afloraba un desierto quemado por los fuegos que unos contra otros se afanaban en arrojar.

Y así fue como los espíritus astados de sus víctimas atendieron su llamada, un altar ensangrentado al fondo de la tierra resguarda su consuelo, le deben a él su felicidad “Oh locura, oh don aterrador líbranos de todo mal, déjanos descansar”. Hombres-bestia caminan sobre la tierra, su mayor pasión es su ego, su mayor temor, es el otro. Un manantial ardiente aflora en sus corazones, ya no sienten frío, pero frías son sus armas, lucen llamas en sus ojos, pero no hay calidez alguna en sus cuerpos cubiertos de piel, manchados de grasa y tierra. Los hombres-bestia no son animales, son señores de lo salvaje, la fuerza de la palabra es la fuerza de quien la empuña, la palabra empuñada por el fuerte es la espada de la ley.

Señores en la tierra, son dueños de un mundo pequeño, enano, que solo conoce hasta el confín de su lamento. Más allá nada importa nada, más allá todo es el enemigo, más allá todo es extraño, si acaso un medio para un gran fin, el gran fin de su gran leyenda, que a toda leyenda está enfrentada. Quisieron los hombres-bestia salvar su voluntad de todo imperativo, y sin embargo al huir de él y construir un mundo nuevo de libertad se encontraron en una realidad aún más acuciante, pues menor es aún la paz de la supervivencia, negada por la lucha constate de las pulsiones. Fuera y dentro de los hombres, sus nuevos dioses perpetraron una gran traición, como venganza de sus víctimas astadas, les otorgaron el destino que de ellas habían robado.

Aquellos que quisieron salvar el tiempo de manos de la perpetuidad lo dejaron atrapado en el cambio permanente, caos donde todo es y no es en el mismo sentido, en el mismo lugar. Las percepciones se liberaron y se hicieron infinitas, al desvanecerse el peso de la verdad también los motivos para el silencio y el ruido de infinitos corazones se hizo tan aterrador, aún, como el coro de piedras vacías. Este era el nuevo reino, levantado sobre una jungla de naciones, laberinto interminable de Babel, con sus mismas maldiciones.