Desde tiempo inmemoriales.

"Quizá alguien diga: «¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir?» A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: «No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo."

lunes, 3 de septiembre de 2012

Sobre la violencia y la memoria.

Hechos para la reflexión

" Cualquier persona que vive en Madrid, y muchos de los que no, habrán de conocer Plaza España. Quien va por allí sabrá que es freiduría cotidiana de guiris y lugar de reunión los viernes y fines de semana de multitud de jóvenes “freaks” y “oscurillos” (a los que yo me sumaba en mi adolescencia). La visión es sin lugar a dudas de plena satisfacción (que, para cuanto podemos esperar de la gran urbe, al mismo jardín de las delicias asemeja). Sin embargo ya casi nadie recuerda y surge, si acaso como una lejana anécdota entre aquellos que ya rozan los 30 o superior, que no siempre fue así.
¿Os suenan los Nazis? Hoy en día ya nadie habla de ellos, la mayoría de la gente los considera una panda de “niñatos” que no tiene ni idea de lo que hacen, unos renegados tales como los yonkis de las esquinas que causan rechazo y pueden suponer una amenaza, pero ya todo el mundo pasa de ellos. En Madrid al menos, no siempre fue así. Anécdotas que ya suenan a leyendas urbanas y una leve sombra en aún ciertos y escasos lugares de Madrid es todo lo que queda en la memoria de los días pasados, pero es que no siempre pudieron los niños jugar en los parques, ni los jóvenes salir a beber por las noches.
La vida tal como era, era muy distinta a como es, pero eso ya no se recuerda pues nunca lo cotidiano es noticia y sus transformaciones pasan desapercibidas a lo largo del tiempo. Y el tiempo pasado no siempre fue mejor. Quien haya vivido en Madrid, en particular aquellos que maduraron en los 90s, sabrán bien de esta realidad, pues en aquel tiempo la palabra “Nazi” tenía un significado bien distinto, pues no representaba a un grupo de marginados despreciables sino un verdadero peligro.
La sangre manaba en la noche y las calles eran suyas. Habrán de hacer un esfuerzo muchos de los ya mayores para darse cuenta de aquella realidad en una ciudad donde el “toque de queda” no era ninguna tontería y las “zonas prohibidas” no eran ninguna fantasía. Lugares como Plaza España, Argüelles (los famosos “bajos”), Moncloa, Serrano y en general algún rincón de los barrios de herencia proletaria (aún en vallekas, aunque allí a costa de más sangre) eran propiedad de los nazis. En todas las zonas existía un grupo que se hacía con las calles y las gobernaban. Los niños no tenían donde crecer.
Cualquier cosa era excusa para su violencia y un adolescente no solo se jugaba llamar la atención en clase por ser un poco diferente y teñirse los pelos de color, se jugaba palizas, se jugaba la vida.
Quien tenga cierta madurez habrá de recordar con oscuridad esta época de su vida, sin duda todos conocen a alguien a quien los nazis dieron alguna paliza. Pero entonces ¿qué cambió? ¿es que acaso pasó la moda de ser nazi? No. Hubo gente que estuvo ahí para cambiar esa realidad, no fueron los hados los que nos dieron este futuro mejor, sino la voluntad de la gente, de ciertos héroes anónimos. Desconocida fue esta guerra para los comunes y solo queda su recuerdo en las cicatrices y anécdotas de grupos marginales e informes policiales.
Fue por aquella época cuando se formó la que desde entonces se conoce como Coordinadora Antifascista de Madrid (Fundada en 1989) Estas primeras asambleas de muchos grupos diversos, desde todos los confines de la izquierda desde donde llegaron los más grandes guerreros de esta ciudad, héroes en la sombra que comenzaron a limpiar las calles del miedo y del fascismo. Son los 90 para Madrid una etapa sangrienta en la que se jugó una guerra decisiva para las calles de hoy, donde los nazis ya no hacen suya la calle más que vistiendo un uniforme y siempre refugiados en el amparo del estado, con ello a la vez, recluidos. La historia de los pueblos tiene muchos más héroes de los que nos enseñan y nadie puede imaginar hoy que puede beber tranquilamente en la calle, que puede hacer el idiota vistiendo las pintas más extravagantes en un parque no gracias a los bastardos de la policía, sino a tipos con Bomber , tatuajes o una cresta, con pinta de borrachos y malas pulgas, con capucha negra o pantalones rotos. Poco a poco, en una gesta que duraría veinte años las calles de Madrid fueron volviéndose seguras poco a poco para el común de los mortales y la gente fue perdiendo poco a poco ese miedo que les envolvía las vidas sin que siquiera se dieran cuenta y sin poder imaginarse la guerra que se estaba jugando en su honor.

De hecho, no puede comprenderse si no es dentro de este contexto el desesperado intento que tuvieron de marcar territorio dando un mitin en tirso de molina y el impresionante y arrollador asedio que les impuso no pudiendo más que salir huyendo del lugar gracias al armamento y protección policial. El asesinato de Carlos Palomino así mismo también se entiende dentro de este contexto, este hecho marca la sentencia de muerte de lo que ya eran un unas bandas de Nazis desesperadas y moribundas, culminando con este acto el culmen de su decadencia y el claro principio del fin.
Lo que la gente no sabe es que los meses que precedieron a la muerte de Carlos fueron tan cruentos como los de sus comienzos, con asedios continuados a los centros de la izquierda y auténticos regimientos de antifascistas patrullando las calles en busca de “Cerdos”, en busca de venganza y en búsqueda de poner fin a la misión que tenían para con el mismo pueblo que les margina.
Así mismo, hoy en día, las calles son tranquilas, los nazis no pueden campar libremente y nadie más que la policía impone sus leyes en las calles, en nuestros días no debemos perder la memoria ni la consciencia de cuáles son las fuerzas que mueven la ciudad y sobre las que se asientan los nuevos días. Aún nos queda mucho camino por hacer, y no podemos dejar de recordar a estos héroes así como señalar allí donde están recluidos los mismos demonios que echaron de las calles, es decir, los cuerpos policiales, con ello debemos reclamar, “la felicidad es violenta” y marcar el futuro mejor en el único camino."



Hermanas del Crepúsculo
a 03 de septiembre de 2012

lunes, 7 de mayo de 2012

Sobre la posibilidad de una isla.

Independientemente de lo real que resulte o independientemente de como lo vistan o cómo se produzca en nosotros ¿Hay esperanzas para el amor? ¿Sería tal cosa posible siquiera, bajo el ya dudoso supuesto de que realmente tuviera referencia tal significado? Amor entre personas, claro, pero al fin y al cabo las personas no son solo eso, también son cuerpos, cuerpos sexuados y además sexuados a través de su género; su ser mujer, su ser hombre o algo más,pero siempre atravesado por esta dicotomía. No existen las ideas sin lenguaje así como no existe la sexualidad sin género, los cuerpos a su vez entramados, (pues lo que no lo está no tiene sentido) en una lucha de géneros, de nombres, gustos, deseos, placeres ,miedos y necesidades. Hombres y mujeres viven culturas diferentes, en esto las preferencias sexuales ya bien sean heterosexuales, homosexuales o pansexuales es irrelevante, un homosexual seguirá siendo hombre o mujer, teniendo siempre que enmarcarse dentro de esta dicotomía, cambie o no cambie la opción otorgada en su nacimiento. Y es que no es ni el cuerpo ni los gustos sexuales lo que definen el género, sino algo más, mucho o poco según el lugar que demos a nuestra propia identidad. Identidad como es la identidad de ser rastafari o de ser mongol pero mucho más fundamental y opresora, identidad casi tan primordial como las determinaciones que ejercen nuestras limitaciones y circunstancias físicas en términos carnosos y sensibles, pero a la vez otorgadora de sentido para la propia consideración de la existencia de tales limites: Somos hombres o mujeres porque percibimos nuestro cuerpo como un hombre o como una mujer, porque así lo sentimos y así se constituye, siendo este un sentido contingente, sí, pero a la vez necesario, para la propia configuración emocional.

Sin embargo, si es propiedad necesaria de nuestra propia emocionalidad ¿es además propiedad necesaria de lo humano? No es así, pues si bien quizás haya que ser Gitano y Andaluz para sentir y comprender en profundidad el “duende” de la copla, captar su “aura” ( en el sentido otorgado por W. Benjamin) no significa que quien no “le gusten” los fandangos no sea humano, claro que con la sexualidad tenemos un problema ya que carecemos de unas limitaciones abrumadoras a la hora de relacionarnos con los cuerpos en comparación de nuestros apetitos musicales. Básicamente es como si ya bien tuvieras que ser o Gitano o Rockero, siendo que ha sido así durante toda la eternidad ya que porque unos nacieran con una guitarra acústica y otros con otra eléctrica bajo el brazo y no pudiese entenderse la música si no fuera dentro de la relación entre estas categorías. El problema está entonces en que si nacemos con cierta determinación bajo el brazo la tendremos que llevar toda nuestra vida, siendo en todo caso que sólo gracias a la técnica no tenemos que llevarla toda nuestra vida bajo el brazo, pero aun así, teniendo en cuenta esta opción, o bien cambias de guitarra o bien pierdes, ahora sí, la humanidad.

Sin embargo ¿se nace realmente con esta determinación sexual o más bien te la dan nada más nacer? Reformulando la pregunta ¿existe realmente algo en nosotros que nos haga ser hombre o ser mujer? Ya está dicho que no puede haber sexualidad sin genero, que es este el que configura y da sentido a los cuerpos así como el lenguaje da sentido y configura el entendimiento. Pero, ¿no hay acaso muchas lenguas? ¿Porque deberíamos dar mayor importancia a esta funesta casualidad del destino que son el cuerpo dicotómico para constituir nuestras propias identidades? Es más ¿qué es ser hombre, qué es ser mujer? Dudo firmemente que puedan expresar algo propio como tal no siendo más que una relación entre determinaciones, relación por ende profunda y esencialmente patriarcal. ¿Hay algo en el ser mujer que no esté directamente relacionado con estar sometido a quien sea hombre? Como todos los sentidos, lo tienen dentro de un entramado y no por constitución propia, no pudo jamás y en ningún supuesto podría haber mujeres allí donde no hubiera hombres, el patriarcado como tal no es una opresión que se ejerce sobre determinado genero, sino una formula concreta de constitución de géneros, no es casualidad ni pura misogínia que se denomine “mujer” en algún sentido a “aquellos” que actúan pasiva, cobarde, débil, sumisamente, no es que tal cosa sea un insulto a las mujeres, es que de hecho eso es ser mujer. La pregunta que queda aquí por responder es si se puede ser mujer y ser libre, si es que las mujeres pueden “emanciparse” como mujeres o en realidad no les queda más que dejar de ser mujeres si buscan emancipación alguna. Del mismo modo habría que decir que ser agresivo, gallardo, opresor y frío no es sea de “machito” es que ésta es la configuración necesaria para garantizar el dominio en relación con el género opuesto, así como el opuesto no es más que la configuración adecuada para estar sometida... Hombres y mujeres viven en mundos diferentes, lo cual no es algo que esté desapareciendo o fundiéndose con el auge del nihilismo condensador de nuestros tiempos, muy al contrario el efecto es el inverso, al destruirse el fundamento de la constitución familiar en la actualidad no estamos empezando a vislumbrar un horizonte de relaciones libres como las que soñaba Emma Goldman o E. Armand. Es sin embargo el no tener que casarse el resultado de que los géneros pierdan un poderoso fundamento material para tener que ligarse de algún modo. Los géneros ya no están condenados a entenderse, aunque alguno dirá que viendo los resultados de tales entendimientos mejor así, ya que claro, es un dialogo fundamentalmente desigual... Lo que vemos en nuestro tiempo es un auge de la homosexualidad influenciado en primer lugar por la propia existencia de los géneros y por otro lado por la perdida de sentido cada vez en mayor grado de las relaciones “contractuales” a largo plazo (matrimoniales, entre familias,etc.) Si de amar se trata, es mucho más sencillo amar a alguien de tu propio género ya que es mucho más fácil entenderse así como es más claro entenderse entre dos vietnamitas que entre un vietnamita y un mexica, por lo cual cada vez es más la homosexualidad que surge por decirlo de algún modo “a la contra” de las relaciones fallidas con personas de distinto género. ¿Es esto algo negativo? Aun no podemos saberlo con claridad, pero es algo con cierto peligro ya que la única liberación que ha ocurrido en nuestro tiempo es matrimonial, pero las relaciones de género y su opresión y sumisión siguen estando presentes, más aun pueden llegar a agravarse pues también es cierto que no son raros los casos de misoginia entre homosexuales varones así como los caso de misandría entre hembras y los resultados de esto, si tendiese a crecer, a largo plazo son muy oscuros. ¿Significaría esto algún tipo de defensa del matrimonio? No, en cualquier caso menos mal que desaparece, pero lo que debe quedar claro que aun queda mucho, mucho por hacer, pues nos ha quedado el problema fundamental, aquello que siempre fue un problema: Qué es el género y qué es con independencia de la pareja, en el caso de que esté constituida por dos persona de mismo sexo -lo cual no las librará del género,
que tienden a imitar de manera extraña y en muchos casos caótica- o heterosexual. La formulación hombre/mujer de las parejas tradicionales, es más, se conjuga en muchos casos tal que las mujeres son quienes suelen tener mayores conflictos ya que de hecho son ellas quienes se llevan la peor parte en la repartición de roles en la pareja, lo que las lleva a tener problemas más profundos a la hora de solucionar esta constitución en las relaciones.



Y si todo esto fuera poco, se añade el problema irresoluto de si es posible tener una relación amorosa, y cuando me refiero a esto es a una relación amorosa saludable, duradera y estable si somos hombres y mujeres quienes las tenemos y estamos siempre atravesados de todas estas determinaciones, dogmas y lenguajes culturales que nos separan, nos apresan y a la vez nos enfrentan. ¿Es que acaso por el simple hecho de ser hombre siempre se tendrá un papel opresor dentro de una relación sentimental con una mujer y esta por ser mujer siempre será esclava y sometida al hombre? Siendo así, además de que si faltase el hombre o la mujer en la relación con motivo de que hubiera “uno de más” en la relación de género, ¿tenderíamos a crearlo inconscientemente a fin de devolver el equilibrio a nuestro universo simbólico y constitución identitaria?


Terrible pregunta, pues si quedase irresoluta no ya ante el sentido del amor sino ante su posibilidad, quedaría anulada ya que no solo sería así, sino que en la medida en que intentásemos liberarnos de nuestro propio género perderíamos también el puente que da sentido y relación con nuestro propio cuerpo, convirtiéndonos en entes asexuados para los cuales el amor, aunque fuera más “posible” que para alguien normal, carecería de interés alguno.


Claro que ya ha quedado dicho que como todo lo que nos configura es necesario pero a la vez contingente, es decir, que no necesariamente tenemos que ser presos de determinaciones especificas, sino que en realidad podrían ser otras y de hecho son otras allá donde nos hayan criado; la cuestión en tal caso estaría en si fuese posible configurar de forma consciente o semi-consciente (de forma indirecta) una identidad o género en este caso más favorable para con nuestros propios deseos por medio de algún tipo de práctica educacional no teniendo por tanto siempre que elegir entre el sometimiento o la nada. Claro está que estaremos siempre sometidos al lenguaje, la cultura y el género, pero por ahora nada nos muestra que tales cosas tengan que ser de determinada manera pudiendo ser libres cada uno de intentar configurar tales cosas en correlación con nuestros propios deseos a fin de que nos fuesen más sencillos y nosotros mismos favorables a su encuentro.


Aunque también es terriblemente cierto de que tal cosa no es nada fácil ni está exenta de peligros, de hecho en nuestros tiempos contemporáneos ya hemos podido comprobar los efectos devastadores que pueden llegar a tener dichas intentonas. El capitalismo (o nihilismo) ya ha propiciado este tipo de prácticas sobre la población desde hace bastante tiempo. En la medida en que ha devorado la consistencia cultural de los pueblos en un proceso de globalización y mercantilización ha ido expropiando el sentido y el aura de las cosas hasta devorarla y consumirla dejando a los individuos cada vez más aislados de sus raíces e identidades comunitarias, en consecuencia, con la destrucción de estas neurosis colectivas lo que ha salido a la luz es que eran en realidad una solución a las neurosis personales. En algún sentido podría decir que de forma natural el capitalismo ha cultivado su propio alimento destruyendo el sustento cultural de los pueblos a la vez que creaba sus propios productos personalizados para la satisfacción de los consumidores individuales, a la vez que para llenar el vacío comunitario fabricaba modas e “ídolos de masas” con que satisfacer de forma precaria y adictiva la necesidad de “comunidad” en las personas. No solo esto, sino que además aquellos antojos de la identidad personal siempre son mucho más pervertidos y enfermizos que los de la identidad colectiva que en algún modo siempre intenta medirse dentro de determinado consenso de sensibilidades, así pues, al no tener que rendir cuentas a nadie sobre los gustos lo que queda abierto son los deseos más enfermos, los traumas infantiles y las neurosis más adictivas y destructivas, siendo que en realidad la liberación otorgada por “no tener que ser cañí” nos suele dejar en un “tener que ser obsceno,neurótico o yonqui” con tal de satisfacer nuestro dañado y enfermo universo simbólico.



Por lo tanto, intentar tomar este camino de “hacerse a uno mismo” es sin lugar a dudas algo muy peligroso tal y como nos han mostrado los hechos a nivel general, con lo cual ya no nos quedaría ninguna otra salida que asumir que tomemos el camino que tomemos siempre estaremos presos de mil y una determinaciones que siempre se constituirán a la contra de la posibilidad del amor como algo saludable, duradero y estable ya que sería siempre aplastado por nuestras propias condiciones de posibilidad para desearlo.


No nos quedaría nada, excepto el amor mismo, claro. La apuesta por el amor como móvil empancipatorio está directamente ligada a una suposición primaria de su existencia, pues cierto es que en realidad habría que partir desde su creencia en primer lugar para posibilitar su experiencia en el tiempo y la realidad. Es decir, no puede probarse más que sobre el terreno y cierto además que no puede probarse de forma concluyente ya que siempre estaría mediado por las determinaciones de cada uno siendo imposible saber si es por esta constitución particular a la que habría que atribuir los logros emancipatorios o al propio amor. Eso claro está, añadiéndole la dificultad de poder establecer fronteras de determinación a lo que denominásemos como amor. En cualquier caso, evadiéndonos de todos estos problemas para dejárselos al tiempo y estableciendo una afirmación positiva sobre el propio amor en si, habría que afirmar que existe al menos la posibilidad de la liberación en términos de identidad no ya en pos de otras identidades o de la nada misma razón mediante, sino también por medio del amor, el cual estaría en una nueva esfera de referencia simbólica ya que no ofrecería ninguna determinación concreta sobre el individuo a cambio de lo sacrificado por más que la satisfacción, o la posibilidad por la satisfacción del deseo por el sujeto amado, pero a la vez constituiría una amalgama de sensibilidad y satisfacción en la estructura emocional de la persona, de modo que no tendría que buscarse nada más allá para llenarla. Es decir, que si esto es cierto bien se puede dejar de ser “hombre” por amor no necesariamente teniendo que convertirse en mujer y a la vez tampoco teniendo que convertirse en “nada”, ya que se haría por un proceso de reafirmación de extraña índole y no por rechazo de sensibilidades.


El amor sería un espacio que destruye todo paradigma construido de fronteras, el principio de relación, la semilla de una isla de sosiego en pleno océano embravecido de pulsiones, miedos y necesidades que nos configuran a su impuesto antojo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Sobre lo bello y lo feo.

Las consideraciones, cualquiera que sean, sean por quién sean sobre la belleza o la fealdad como tal son del todo desechables ante la pregunta por su identidad y su constitución más allá de un simbolismo fraternal entre aquellos que opinan semejante.

Es por ello que desde la identidad del barrio hasta la nación se forman sobre consideraciones estéticas determinadas sencillamente por repetición. Una mayor cantidad de apreciaciones sobre determinado objeto corresponderán a la exportación de este ente hacía otras personas, las cuales volverán a repetir este proceso. De este modo se construye el gusto estético.

Estos gustos, son a la vez los que constituyen la personalidad e interpretación personal de los procesos emocionales, de modo qué una determinada tendencia estética, crea a su vez su propio lenguaje, el cual traduce de forma determinada la forma en que se relaciona el individuo tanto con su propia emocionalidad como con el exterior.

En el transcurso histórico además el desarrollo científico, industrial, técnico y político van creando a su vez nuevos imaginarios sociales, que a su vez van generando nuevos lenguajes y formulas de sensibilidad hacía determinados ámbitos que antes o después se verán o se ignorarán como sujeto estético, este efecto ocurre además con el humor, el cual se hace efectivo o no, no solo en el lugar, sino además en la situación y momento histórico en que se encuentre.

Ocurre de forma paralela el efecto creado por la costumbre y la tradición, el cual tiende al asentamiento de estos imaginarios sociales a fin de constituir una identidad social. Este efecto es paralizador y definitorio, por lo que se ve enfrentado al curso histórico intentando paralizarlo y detenerlo en un punto cualquiera pero definido. Es solo a raíz de este punto de donde es posible el surgimiento de juicios tales como “bonito”: (acorde al modelo), “feo” (contrapuesto al modelo), “asco” (ajeno al modelo, destructor del modelo, incomprensible.)

En el caso de la “Fuente-Urinario” de Duchamp podemos ver con claridad el enfrentamiento entre estas fuerzas:

Por un lado la nueva estética que encuentra lo bello en el aura de su tiempo, encontrándolo pues en los efectos del desarrollo industrial (reproducibilidad técnica infinita). Pero la estética tradicional no es que lo considere algo “feo” como podría ser una obra de arte pictórica mal realizada, sino que lo considera “asqueroso” pues está de hecho atentado contra las consideraciones establecidas.

Finalmente, aún abría que valorar si fuera acaso posible encontrar algún tipo de estética universal (al menos para el ámbito de lo humano) y que no estuviera siempre sujeta a estas o cuales determinaciones viejas o nuevas. Para este trabajo, habría que centrarse no ya en la idea de “belleza” sino de “sublime” como aquello que en mucho nos supera y que a la vez no podemos ser los hombres sus propios autores pero que sin embargo nos lleva a admirarlo y a guardar silencio ante su presentación.

Si hubiera algo así sobre la tierra por tanto habría que buscarlo en la naturaleza, sus efectos, o quizás en la pura razón, citando a Kant “Dos cosas llenan mi alma de renovado y creciente asombro y admiración, el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral en mí”

miércoles, 14 de marzo de 2012

Sobre el nacionalismo.

Si el principio del nacionalismo es cierto, lo es tanto para las pequeñas localidades como para las bastas regiones, pero dado que estas segundas son irrepresentables para el imaginario simbólico que requiere cualquier nacionalismo, solo tiene sentido reivindicarlo en los espacios locales y pequeños, rompiendo entonces necesariamente con la legitimidad de cualquier estado de reivindicar el nacionalismo como un carácter propio y adecuado en su defensa, siendo pues, que tal apología solo puede ser posible mediante una gran violencia sobre las identidades locales y un adoctrinamiento asesino de las raíces históricas de cada comunidad.

Si en caso contrario, el principio del nacionalismo es falso, no es valido ni para lo pequeño ni para lo grande, siendo cualquier identidad histórica y cultural ilegitima, por lo que cualquier estado estaría igualmente cometiendo un crimen al intentar conglomerar una sociedad cualesquiera dentro de sus limites territoriales e históricos. En este caso, los nacionalismos locales solo podrían salvarse dentro de los limites que establecen las relaciones sociales de cada comunidad, siendo pues, "la patria del parque" la única salvable no por su identidad como patria, sino por su vinculo de amistad.

miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre el conocimiento a través del proceso de creación artístico.

“No es más hondo el poeta en su oscuros subsuelo encerrado,
su canto asciende a más profundo,
cuando abierto en el aire, ya es de todos los hombres”
Balada a los poetas andaluces, Rafael Alberti.

El desarrollo artístico ha estado siempre íntimamente ligado en su producción material al desarrollo tecnológico con los nuevos materiales que éste aporta a la sociedad, así como las nuevas técnicas y medios que tiene el artista a su disposición para aplicar a las materias. El proceso de creación artística no es inocuo, sino que interfiere directamente sobre la propia emotividad que el sujeto pretende expresar. El valor expresivo de la pieza será siempre de ámbito muy diferente si el autor lo ha creado con sus propias manos, manchándose o no, aplicándose también a la pieza las características de las herramientas que el autor utilice. El proceso de creación es por tanto un hacer relacional en el que el artista no solo tiene que manejar su propio universo simbólico, sino que tiene que saber hacer mediar a este con el mundo externo, por lo que el resultado será siempre distinto según los medios que se utilicen.
Los distintos materiales incluyen ya de por si diferentes características, y con ello, diversos valores expresivos, por ejemplo, siempre será más cálida una figura de madera que una de metal, y esta última demás agresiva que la primera. Además, las diferentes técnicas y usos posibles que pueden aplicarse a los distintos materiales pueden llegar a hacer del sujeto creador apenas (más de una vez así ellos mismos se han manifestado) un misero canal para hacer surgir al mundo las sensibilidades propias de las cosas.
Pero cuando un artista hace una afirmación así, exactamente ¿a que se refiere?¿sienten las cosas lo que son? No lo creo... Mi observación es que en realidad el artista a lo que se refiere es al efecto que tales materias nos producen a nosotros de forma general, y esto es debido a un determinado “ZeitGeist” que atraviese determinada sociedad en ese momento. El ZeitGeist (en alemán “ espíritu de la era) es la expresión que se refiere al determinado marco simbólico (sentir general) que atraviesa una sociedad en un momento determinado. Este espíritu no es ninguna expresión simbólica en si, sino que se trata de eso conglomerado de historias, emotividades, dogmas tópicos, situación social, etc, que da sentido a las distintas expresiones simbólicas que acontecen en ese tiempo. Que por ejemplo un chiste que hiciera gracia en un tiempo y luego no, no es porque se desgaste, es porque se ha transformado la situación que hacia que determinada ocurrencia fuera algo gracioso.
Así pues lo mismo ocurre con el arte. El artista, en su proceso creativo no solo tiene que mediar con el mundo material, sino que además tiene que enfrentarse al mundo simbólico, el cual, de por sí, es inexpresable, pero que establece el sentido de toda expresión. Debido a esto, todo creador por más que quiera hacer una critica de la sociedad, nunca puede dejar de estar representándola a la vez, una y otra vez, siempre en sus obras.
Ahora bien, el artista no tiene que ser siempre, e inevitablemente víctima de la historia, en realidad dentro del mismo proceso creativo está la calve de su superación. En mis análisis, cuando un sujeto procura a través del arte realizar una expresión comienza un proceso reflexivo de su propia emoción, y, a medida que logra terminar una obra logra además completar un fragmento de su intención. Así pues, en la medida en que el artista se sumerge en el proceso creativo va madurando su propia emotividad y profundizando más en el sentido de la misma. En la medida en que es expresado, el sentimiento madura y busca su sentido. Finalmente, a través de este estudio de la experiencia el artista puede completar aquello que buscaba en su expresión, y este es el verdadero momento en que se crea la obra de arte. Apelando al sentimiento de belleza Kantiano, es ahí cuando el artista ha conseguido liberarse al máximo posible de sus limitaciones históricas logrando crear una obra de arte, es cuando al presenciarla, los hombres solo pueden guardar silencio al reinar en ellos un pleno sentimiento de “fraternidad” con todos aquellos que lo perciben. Ante esto, no bastaría con afirmar que es el artista aquel que “muestra” la obra, en realidad una obra de arte solo puede tener este carácter universal ahí donde el artista definitivamente ha “desaparecido” y donde no podemos encontrar por ninguna parte restos de la masturbación emocional que el autor (sientiendonos entonces objetos de su gozo) sino ahí donde el artista logra a través de buscar lo más profundo en él aquello que es común a todos. Como he explicado, este es un proceso relacional-reflexivo que establece el sujeto creador con el mundo, por lo que el artista se convierte en algo más en la medida en que “aprende a morir” siguiendo la literatura Platónica, en sus obras. El artista se vuelve filosofo, y es en esta media en la que puede expresar aquello de lo que el resto de la sociedad es solo víctima, y en su conocimiento de lo expresado aportar nuevos contenidos teóricos al respecto. Ya que las situaciones que atraviesan las sociedades son inexpresables solo pueden ser conocidas racionalmente a través de su experimentación en el caso concreto de uno mismo (siempre que se cumpla el proceso antes descrito sobre el sujeto).

martes, 24 de enero de 2012

Sobre la frialdad de la razón, y el fuego de los corazones.

Razón fría, razón universal, frío universal, temperatura del vacío, lugar de la nada. Razón, esterilidad máxima de toda creación, no hay palabra más exenta de fuerza y obediencia sobre la tierra. Y sin embargo, se esfuerza por alcanzar su existencia con la mayor prepotencia posible, no se hace digna de este ni de ningún otro mundo sino de un espacio que no existe y que titula con más autoridad que toda nuestra historia. No se sitúa en el tiempo, por lo que ni guarda raíces, ni tiene aliados, ni justifica su sentido. Razón, es el nombre de una maldición en la carne, carne perforada, carne horadada, carne obligada a arrodillarse, si alguna vez (cosa que jamás podría) la razón vence contra la misma totalidad.

¿Cómo es posible? Es que acaso esa no existencia puede insertarse en nuestra piel como un daimon, y ese no hacer, no sentir, ¿puede hablarnos con una voz que nos impulse el deseo? ¿Es que tal pureza, un dios impropio de los hombres, que ni vive en nuestro mundo ni reconoce a nuestros dioses puede embriagarnos sin poesía, puede mandarnos sin gobiernos, puede hacer héroes sin cantos, alabanzas, leyendas ni recuerdos? ¿Cómo es posible? Tal épica de los máthēmas, capaz de movernos sin compensación ni promesa, nos enseña a a morir, morir por deber con su condena despótica, su obediencia inexcusable.

Razón fría, razón inhumana, una razón de que nadie puede formar parte, a la que ninguno nos podemos acoger, cuya identificación nos atraviesa como una estaca, una lanzada en el tórax, directo al corazón. Razón Fría, razón ajena, ¿Qué ojo o mano inmortal pudo trazar tu aterradora simetría? Razón que en nada nos identifica que en nada nos resguarda y que sin embargo no nos deja en paz, no nos trae la paz; Nos acosa, nos culpa y señala, el crimen está en todas partes, la solución no está otorgada, la voluntad de los hombres no es capaz de dar un solo paso en semejante invierno, se resguarda sobre si mismo, se protege ante la nieve con la piel de las bestias, solo quiere descansar.

¿Es este el faro que levantaron los antiguos? ¿Es esta la luz? Pues su brillo es metálico y rasga la piel, ilumina un mundo que no reconocemos, que no podemos sentir ni comprender, su fuego paraliza el torrente de la sangre, nos hace a todos distintos entre los dedos, pero iguales ante la crueldad. ¡Razón, razón! Canta un coro de piedras sobre el que se sostiene la torre, pero ninguna de ellas tiene rostro, ni boca, ni aliento, es un eco entre cavidades, fosas que semejantes a un abismo contemplan su mundo inmóvil e inerte.

Los hombres se postran ante ellas, ¿Pero son hombres ya?¿Son apenas autómatas? Pues tal visión les paraliza, arrojados más allá de donde puedan verse unos a otros, ya no tienen nada que decirse, ya no tienen nadie con quien conversar. ¿Qué es este nuevo juicio donde no existe bondad? Han perdido también las yemas de los dedos. ¿Qué es este nuevo juicio donde no existe la culpa? Un torrente de respuestas les niega toda salida, su saber les hace libres, libres de toda tensión, libres de todo impulso. La visión constante del mundo se torna en una caída en los eternos, que en nada pueden a-prender, que permanece silencioso, estático en el centro del universo, que ni conoce ni se preocupa por la existencia de los hombres.


¿Es posible refugio alguno? Pues la tormenta no viene del cielo, no cae sobre la tierra, su atronar es apenas un susurro, pero corta con frío acero el sentir de los hombres. ¿De donde proviene? Fuimos empalados por su estigma, no tenemos escapatoria contra su voz constante, su voz cruel. ¡Debes, Debes! Sus palabras claman a cada pensamiento, no podemos retroceder, no hay escapatoria. Y es por ello que los hombres acosados por este destino buscaron otro distinto, un amo menos severo, un amo más apropiado, los hombres cazaron a las bestias y se vistieron con sus pieles buscando pertenecer a otra naturaleza, prefiniendo haber nacido animales, guarneciendose de la helada, engañando su suerte.

“Hágase mi voluntad” Era la nueva ley de los hombres, pues levantaron nuevos muros allá donde todo era llano, y sobre los mismos dictaron sus himnos, pintaron sus señas, era este el tiempo del uno y los muchos, ya no tendrían que estar nunca más arrodillados en su espíritu, pues si bien les obligase el miedo, el nuevo mundo que en ellos construían les daba una nueva fuerza y un nuevo lugar sobre el que esparcir sus deseos. Podo a poco fue extinguiéndose el hielo que todo lo cubría, y en su lugar afloraba un desierto quemado por los fuegos que unos contra otros se afanaban en arrojar.

Y así fue como los espíritus astados de sus víctimas atendieron su llamada, un altar ensangrentado al fondo de la tierra resguarda su consuelo, le deben a él su felicidad “Oh locura, oh don aterrador líbranos de todo mal, déjanos descansar”. Hombres-bestia caminan sobre la tierra, su mayor pasión es su ego, su mayor temor, es el otro. Un manantial ardiente aflora en sus corazones, ya no sienten frío, pero frías son sus armas, lucen llamas en sus ojos, pero no hay calidez alguna en sus cuerpos cubiertos de piel, manchados de grasa y tierra. Los hombres-bestia no son animales, son señores de lo salvaje, la fuerza de la palabra es la fuerza de quien la empuña, la palabra empuñada por el fuerte es la espada de la ley.

Señores en la tierra, son dueños de un mundo pequeño, enano, que solo conoce hasta el confín de su lamento. Más allá nada importa nada, más allá todo es el enemigo, más allá todo es extraño, si acaso un medio para un gran fin, el gran fin de su gran leyenda, que a toda leyenda está enfrentada. Quisieron los hombres-bestia salvar su voluntad de todo imperativo, y sin embargo al huir de él y construir un mundo nuevo de libertad se encontraron en una realidad aún más acuciante, pues menor es aún la paz de la supervivencia, negada por la lucha constate de las pulsiones. Fuera y dentro de los hombres, sus nuevos dioses perpetraron una gran traición, como venganza de sus víctimas astadas, les otorgaron el destino que de ellas habían robado.

Aquellos que quisieron salvar el tiempo de manos de la perpetuidad lo dejaron atrapado en el cambio permanente, caos donde todo es y no es en el mismo sentido, en el mismo lugar. Las percepciones se liberaron y se hicieron infinitas, al desvanecerse el peso de la verdad también los motivos para el silencio y el ruido de infinitos corazones se hizo tan aterrador, aún, como el coro de piedras vacías. Este era el nuevo reino, levantado sobre una jungla de naciones, laberinto interminable de Babel, con sus mismas maldiciones.